abril 11, 2018

Clavos de olor.







La música comenzó a sonar con fuerza en mi cabeza, mis dedos tamborileaban la mesa donde descansaba el cenicero y un tarro de cerveza clara. El bar estaba completamente vacío, me gustaba la soledad que la tarde le da a los lugares. No dejaba de tararear “Black” de Pearl Jam. Me habría gustado tener en ese momento, papel y lápiz para comenzar a escribirte una carta, como las que solía redactar en las tardes aburridas de oficina. Podría comenzar por contarte que me paso el rato, luego del trabajo, sentada en la barra del bar. Seguido vengo a este lugar y pido un tarro de cerveza clara, también me fumo cuatro cigarrillos kretek mint. Me gusta el lugar por la música, por el vacío, por lo cómoda que me hace sentir.
Solía voltear de vez en cuando hacia la puerta, como esperando que aparecieras por allí. Como si realmente pudiera ocurrir. Y entonces pienso que alguien como yo, no está destinada a sorpresas de ese tipo. Eso le pasa a otras personas. No a mí.

Comienzo a hacer círculos con la colilla del cigarro, como si eso hiciera que el tiempo avanzara rápido. Que de un momento a otro la noche va a caer y el lugar comenzará a llenarse de gente que viene aquí a reír a carcajadas, a tomar un trago con amigos o encontrarse con su amante. Cada uno saca a pasear al demonio que más le gusta y el mío tiene tu rostro. That kinda lovin', yeah, now I'm never, never, never gonna be the same…

Normalmente tomo el lugar en la barra que da a la ventana. Por la banqueta transitan toda clase de personas, no solo aquellos que buscan pasar el rato. La ventana tiene una vista horrible, da al estacionamiento de un banco y a un lugar con nombre de burdel barato. A veces, veo a la gente a través de mi tarro de cerveza, con sus rostros agotados por la rutina, por las risas cómplices de los púberes que se han saltado clases, de la angustiosa cara de la señora que pide una limosna para poder comer este día y tener fuerza para el siguiente. A veces imagino a todos esos desconocidos como personajes de la novela improvisada que creo que es mi vida. Terrible y aburrida novela. Al poco rato me da ansiedad y comienzo a revisar el móvil. No hay mensajes. Una llamada perdida del trabajo que termino por ignorar. Un video de gatos haciendo cosas estúpidas. Risas.

He llegado a pensar que prefiero la compañía de todos aquellos a los que no conozco, que de los demás. Me da miedo preferir la soledad que te brinda una barra de madera barata con un tarro de cerveza clara que con los minutos empieza a tibiarse, como a veces sucede con las ganas. O con el corazón que se ha cansado de su carrera. Hay veces también que no puedo estar conmigo misma. Why I should follow my heart? Why I should fall apart?

El resto de los días, cuando me dedico a escribir, las palabras se acumulan en un procesador de texto, convirtiéndose en montones de archivos que decoran la pantalla. Palabras que al final terminan como motitas de polvo en mi cabeza y que después, las recuerdo una por una, mientras por la ventana admiro la vista hacia el estacionamiento barato y el lugar que parece burdel barato, saboreando el rastro de clavo que ha dejado el cigarrillo en mis labios y dando el último trago al tarro de cerveza clara, antes de cruzar la puerta para inventarme cien historias más de qué hablar en el bar.




Thank you disillusionment

Thank you frailty
Thank you consequence
Thank you thank you silence


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Aclaración y quejas.

La diferencia.

Aún hay ocasiones en las que te pienso a deshoras, pero no me incomoda más tu fantasma. Ya no escribo notas en las servilletas de lo...