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Mostrando entradas de noviembre, 2017

No me gustan los días en que me quedo en casa.

Los días en los que me quedo en casa dejaron de gustarme. Despierto, me preparo café y me quedo metida en las cobijas viendo alguna serie, leyendo el libro en turno o escuchando algún disco de la colección. Me levanto a comer y vuelvo a la cama, como si este fuera un ritual. Cada cinco minutos reviso el celular por si tengo alguna notificación, mantengo el sonido encendido y aunque no ha hecho ruido desde las últimas cuatro horas, enciendo la pantalla con un poco de esperanza. Los días en los que me quedo en casa dejaron de gustarme. Y es que, para mi mala fortuna, aún te extraño. Aún sigo soñando contigo y de vez en cuando, imagino que encontraré tu coche aparcado afuera de mi casa, esperándome porque tenías ganas de verme y de hablar conmigo.  Hay días en los que todavía me dan ganas de llorar, pero me hago la fuerte. Me digo que ya debería comportarme como una mujer. En los últimos días comprendí que la guerra la había perdido, cuando no ha pasado una noche en que no piense en ti …

En cámara lenta.

No cruzamos palabra en toda la noche, sólo nos hacíamos compañía. Saludabas a todas las personas y yo sólo recargaba mi brazo en el respaldo de tu silla, con la otra mano me llevaba el cigarro a la boca y soltaba el humo lo más lejos posible para que no te llegara. No te gustaba que fumara, pero te gustaba el aroma del cigarro combinado con el de mi ropa. Bebíamos vino tinto, sonreías a todo el mundo, te levantabas de vez en cuando a bailar mientras yo me quedaba observándote entre el humo de mi cigarro. Ibas de un lado a otro, al ritmo de la música que alguien estaba reproduciendo desde una lista de Spotify. 
No dejabas de sonreír, los rizos de tu cabello se movían como resortes en cámara lenta, de vez en cuando cerrabas los ojos, como si así la música pudiera entrar más en tu cuerpo. Las luces del lugar te seguían en cada movimiento, no podía apartar la vista de ti, envuelta en ese vestido negro lleno de luces. Daba pequeños tragos a la copa que descansaba en la mesa, desde donde t…