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Mostrando entradas de septiembre, 2017

Una mañana

Todo fue tan raro. Cuando desperté la cama estaba vacía, había recuerdos por toda la habitación. Las cortinas serpenteaban con las ligeras ráfagas de viento que entraban por mi ventana. Escuchaba claramente el paso de los vehículos, el sonido del ventilador, la radio que solo sintoniza una estación sin ponerse loca. Tenía los ojos rojos de tanto llorar, no recordaba en que momento me había quedado dormida. La espalda me ardía, el corazón latía con fuerza, como si se fuera a salir de su lugar, la alarma de mi teléfono celular comenzó a sonar, faltaban cinco minutos para las seis de la mañana. Era lunes. Me levanté como pude y me acerqué a la cafetera a servirme una taza, no había nada, lo olvidé anoche. Saqué la bolsa de la alacena y puse a funcionar la máquina. Caminé descalza por toda la casa, sintiendo el frío del suelo, caminaba de un lado a otro sin saber donde detenerme ¿detenerme para qué? Nunca lo supe. Entré en la regadera y abrí la llave del agua fría, me caló todos los hues…

Serenidad.

Dicen que la parte más difícil es aceptar y continuar. La casa está llena de recuerdos tuyos, el suéter, las figuras, la acuarela, las notas que me escribiste y que están guardadas entre las páginas de mis libros, están también todas esas canciones que nos apropiamos y que cuando suenan, escucho con un ligero golpe en el corazón. Marcas indelebles de cuando fuimos felices. No sé si hoy es el adiós, si es un hasta luego. No tengo la certeza de nada, mañana bien podemos desaparecer y no me gustaría que el mundo terminara, sin saber a donde voy ir. Voy a cambiar la música cada noche, también la marca de mis cigarrillos o puede que esta vez los deje definitivamente. Me voy a levantar temprano para preparar y desayunar hot cakes en domingo. Placeres sencillos que ahora escasean. Siempre podré sacudirme el polvo de las rodillas.
No todo está perdido, mientras nos quede la sonrisa.



Pequeña libreta roja.

Algún día voy a escribir nuestra historia, para que sepan que la vida es lo mejor que nos puede pasar. 28 de agosto de 2015.
Le escribí aquello hace un par de años en una libreta roja, que ahora tengo de vuelta, le escribí porque estaba por salir de viaje a Orlando, era la primera vez que viajaba completamente sola y estaba aterrada, le habían contado un montón de cosas acerca del aeropuerto de Dallas y de cómo tenía que moverse a la velocidad de los chitas antes de que los montones de orientales, desembocaran en ese lugar cómo un cardumen de atún. Aquella libreta me la regaló una de mis mejores amigas en una ida a un café que con el tiempo dejó de existir, siempre me ha gustado que me regalen libretas, aunque casi siempre termino por abandonarlas un tiempo. Me pareció una idea escribirle algo y que se lo llevara, la libreta es pequeña, no le iba ocupar mucho espacio. Siempre he sido pésima para elegir obsequios, pero me pareció la mejor idea del mundo que la llevara. Me gustaba la idea…