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Mostrando entradas de agosto, 2017

El palmar

Sabes... Cuando se está tan triste, a uno le gustan las puestas de sol.  El principito. 
Me encantó la sensación de la arena en los pies, de las olas mojando los jeans rotos con los que llegué. Aquella tarde, me entregué al paseo, a disfrutar. Podía sentir cada gota de sudor en el cuello, podía sentir el sol quemando mi espalda.
Entré al bar, una cabaña a la orilla del mar con un montón de sillas acapulco, otras tejidas con mimbre y suelo de madera. Pedí una cerveza y me senté a ver la puesta de sol. Encendí mi cigarro y comencé a pensar en ti. Podía verte cerca del mar y me veía a mí misma, contigo, caminando de la mano y platicando de la primera vez que estuve aquí y que había bebido mucha cerveza en ése lugar con sillas acapulco. 
La música reggae me sacó de mi ensueño, en ocasiones podía sentir el olor a hierba. Minutos después te escribí, te mandé una fotografía, te regalaba por segunda ocasión un atardecer. 
Poco a poco la gente de la playa iba desapareciendo, yo seguía en el bar…

Black.

Le dedicaba canciones de Pearl Jam aún cuando sus gustos estaban a años luz de distancia. Solía escribirle frases que me saltaban de pronto en la cabeza o que había leído antes. Le escribía porque era lo único que hacía medianamente bien
Pasaba horas en los pasillos de arte de las librerías para comprarle algo y nunca encontraba lo ideal.  La mayoría del tiempo solíamos hablar de nada y de todo, me mostraba sus progresos en cada obra y con ello me enamoraba de cada pincelada. De cada trazo. De cada figura. Eran como caricias en mi espalda, como las líneas que dibujaba en mis tatuajes en alguna de esas noches compartidas.
Tal vez lo más difícil de las despedidas es que nos esperanzamos tanto en quedarnos, que partir se vuelve complicado. 
Prometí no volver a escribirte y no sabes lo complicado que es. No sabes lo que es pasar la tarde entera leyendo cosas que podrían gustarte o escuchando canciones que estaría feliz de dedicarte. No sabes como tu ausencia repercute en mi vida. 
Voy a …

Mañana.

Hoy es el último día que te escribo. Hoy me despido de ti. Hoy dejo de ser la mujer que más te ama para convertirme en la que más te amó. Te escribí esto en el cuaderno que me regalaste y que por años ha guardado todo eso que siento por ti. Lo he escrito ahí para que cuando tenga ganas de buscarte, pueda abrirlo en la página correcta y detenerme antes de cometer una locura.
Te escribo porque es la única forma que tengo para no romperme, porque ganas de llamarte no me han faltado y caigo en cuenta de que si llegaras a contestar, no sé qué te diría. No sabría de que hablar. No sabría que hacer. Ya sabes que para mí siempre ha sido mejor escribir.
Ése cuaderno no sólo guarda algunas formas de lo que ha sido mi amor por ti, también guarda la última rosa que me regalaste y que con el paso de los meses se ha ido secando. Así como se fue secando tu amor por mí.
Te escribo como nunca me sentí capaz de hacerlo: Con tristeza, enojo, con ganas de llorar. Pero me aguanto porque ya no queda de ot…