agosto 27, 2017

El palmar



Sabes... Cuando se está tan triste, a uno le gustan las puestas de sol. 
El principito. 

Me encantó la sensación de la arena en los pies, de las olas mojando los jeans rotos con los que llegué. Aquella tarde, me entregué al paseo, a disfrutar. Podía sentir cada gota de sudor en el cuello, podía sentir el sol quemando mi espalda.

Entré al bar, una cabaña a la orilla del mar con un montón de sillas acapulco, otras tejidas con mimbre y suelo de madera. Pedí una cerveza y me senté a ver la puesta de sol. Encendí mi cigarro y comencé a pensar en ti. Podía verte cerca del mar y me veía a mí misma, contigo, caminando de la mano y platicando de la primera vez que estuve aquí y que había bebido mucha cerveza en ése lugar con sillas acapulco. 

La música reggae me sacó de mi ensueño, en ocasiones podía sentir el olor a hierba. Minutos después te escribí, te mandé una fotografía, te regalaba por segunda ocasión un atardecer. 

Poco a poco la gente de la playa iba desapareciendo, yo seguía en el bar tomando cerveza, platicando con mi mejor amigo sobre la inmortalidad del cangrejo, cuando un mensaje llegó "Tal vez suene cursi o algo que tú no harías, pero grítale al mar todo lo que tienes que decir y no es escuchado, tal vez con suerte, se lo lleve". Un amigo en la ciudad también pensaba en mí, sin saber que ya el mar se había llevado un par de cosas. En ese momento me sentí afortunada por saber que cada uno de mis pedazos no iban cayendo en un desierto, sino que había gente ahí que me ayudaría a juntarlos. 

Comencé a dejarme llevar por el reggae del bar, por el aroma a hierba, fui hasta la barra por más cervezas, aún faltaba mucho para terminar. Wensceslao, el sujeto de la barra, me llenaba de mucha curiosidad pues no dejaba de sonreír, me entregó mi cerveza y me regaló una margarita.

El sol ya se había ocultado por completo y solo quedaba la más profunda oscuridad, sabíamos que el mar estaba allí porque podíamos escucharlo pero al levantar la vista nada se veía. 
Yo seguía pensando en ti, en las olas y en la margarita que me había dado Wensceslao. 

agosto 21, 2017

Black.


Le dedicaba canciones de Pearl Jam aún cuando sus gustos estaban a años luz de distancia. Solía escribirle frases que me saltaban de pronto en la cabeza o que había leído antes. Le escribía porque era lo único que hacía medianamente bien

Pasaba horas en los pasillos de arte de las librerías para comprarle algo y nunca encontraba lo ideal. 
La mayoría del tiempo solíamos hablar de nada y de todo, me mostraba sus progresos en cada obra y con ello me enamoraba de cada pincelada. De cada trazo. De cada figura. Eran como caricias en mi espalda, como las líneas que dibujaba en mis tatuajes en alguna de esas noches compartidas.

Tal vez lo más difícil de las despedidas es que nos esperanzamos tanto en quedarnos, que partir se vuelve complicado. 

Prometí no volver a escribirte y no sabes lo complicado que es. No sabes lo que es pasar la tarde entera leyendo cosas que podrían gustarte o escuchando canciones que estaría feliz de dedicarte. No sabes como tu ausencia repercute en mi vida. 

Voy a confesarte la verdad. No ha pasado un solo segundo en que no te ame hasta desgarrar mi alma. No ha habido un solo instante, ni aún en los de profundo sueño que no me embriague con el recuerdo de aquellas noches que buscaba tu cuerpo para no sentir frío. 

No puedo, aunque quiera, negarme a la sensación de extrañarte. Porque cada línea que escribo está ligada a ti y de eso, no sé escapa con facilidad. 

Pocos son los que sobreviven. 

agosto 19, 2017

Mañana.


Hoy es el último día que te escribo. Hoy me despido de ti. Hoy dejo de ser la mujer que más te ama para convertirme en la que más te amó. Te escribí esto en el cuaderno que me regalaste y que por años ha guardado todo eso que siento por ti. Lo he escrito ahí para que cuando tenga ganas de buscarte, pueda abrirlo en la página correcta y detenerme antes de cometer una locura.

Te escribo porque es la única forma que tengo para no romperme, porque ganas de llamarte no me han faltado y caigo en cuenta de que si llegaras a contestar, no sé qué te diría. No sabría de que hablar. No sabría que hacer. Ya sabes que para mí siempre ha sido mejor escribir.

Ése cuaderno no sólo guarda algunas formas de lo que ha sido mi amor por ti, también guarda la última rosa que me regalaste y que con el paso de los meses se ha ido secando. Así como se fue secando tu amor por mí.

Te escribo como nunca me sentí capaz de hacerlo: Con tristeza, enojo, con ganas de llorar. Pero me aguanto porque ya no queda de otra. Porque ya no tengo unos brazos a los cuales correr cuando me siento débil.

Te escribo porque solo así puedo exorcizarme de ti. Solo así puedo llevarte hasta lo más lejano de mi cabeza y de mi corazón. Dejarte allí, donde ya no puedas hacerme más daño.

Hoy es el último día que te busco y el primero de todos aquellos en donde me abrumará el peso de tu ausencia y donde me aturdan sus carcajadas cómplices.

Me voy contenta, no por perderte, me voy contenta porque sé que entregué todo el amor que tenía. Todo lo humanamente posible que hubo en mis manos. Todo te lo entregué. Me voy contenta, porque cuando una historia termina, nos espera siempre algo mejor. Quizá encuentre alguien que ame con esa fuerza que a ti y a mi nos faltó.

Hoy es el último día que lloro por ti, tengo hasta las 11:59 para hacerlo. Mañana comenzaré una nueva historia. Donde ya no exista más de ti, donde los sonidos dejen de llevarme hasta tu recuerdo. Mañana te dejo libre. 




Clavos de olor.