noviembre 17, 2015

No había gran cosa.




Antes de ti no había gran cosa. Solía ir de vez en cuando, a tomar café, a dar consejos a los amigos, consejos que nunca apliqué en mi vida.  Luego de la oficina, caminaba directo a casa a ver una película o continuar la lectura. Escuchaba la música de siempre. Bebía cerveza los fines de semana, rebloggeaba en Tumblr para matar el tiempo. El odioso tiempo al que también, hay que darle su tiempo, para que nos dé las respuestas que buscamos. Para que solucione lo que nosotros no hemos podido o no hemos querido. Y el tiempo, me asfixiaba y no tenía tiempo, para dedicarme a eso.

Podía ver a la gente feliz. Con enormes sonrisas en sus rostros disfrutando de una cena, de una ida al cine, incluso paseando con sus niños, pero yo no podía siquiera visualizarme en un escenario como ese. Me veía despertando a las seis de la mañana para servirme la primera taza de café, leyendo las noticias en el móvil, esperando que se diera la hora para salir de casa y pasar todo el día encerrada en la oficina hasta que llegara el momento de regresar y volver a lo mismo de esa mañana.  Y también, me la pasaba escribiendo sobre todo lo que no tenía. Todo lo que no había sido hecho para mí. Antes de ti no había gran cosa. Sólo este desorden y muebles empolvados.

El día en que llegaste, recordé todos esos cuadernos en blanco y canciones sin reproducir. Esos atardeceres enmarcados y los días lluviosos guardados en un frasco para evitar que se derramaran. Me encontré esas frazadas hechas a medida para los días fríos que están por venir. Tal vez, no sea gran cosa, tal vez no exista algo mágico dentro, pero al menos el tiempo, ese odioso tiempo, ya no pasa en vano. Antes de ti, no había gran cosa pero sí lo suficiente para hoy.


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