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Fotografías, crímenes, salidas repentinas y otras cosas.


Me encontré una fotografía nuestra. La última que nos sacamos después de tantos años. Pude adivinar la timidez de mi sonrisa y la emoción que brillaba en tus ojos. No hemos salido mal. Recuerdo la de fotos que nos sacabamos antes, solo porque sí, porque no había más qué hacer. Y ya no las tengo porque la parte de mí que iba para todos lados buscando pretextos para verte, se fue de vacaciones y no quiso volver. Se llevó las fotografías y me dejó aquí sola, con la hoja en blanco y lista para empezar de nuevo.
Pero el montón de hojas, ansiosas de nuevos inicios, no logran llenarse. Porque soy un criminal y los criminales, regresamos a la escena. No para limpiar el cochinero. Quizá, esa sea la razón por la que comenzar otra vez, se ha vuelto difícil. Todos mis crímenes me han hecho feliz y tengo el mal hábito de siempre regresar a la página que me estremeció el alma. Porque me gusta releer y comprender, antes de seguir con las historias. Y nosotros fuimos historia.

He pensado muchas veces en cómo habría sido todo si no hubieras llegado en el peor momento de mi vida, en esa lucha que libraba entre los monstruos que yo misma había creado. Probablemente ahora no tendría estas cicatrices. Seguro que saldríamos un par de veces al mes para tomar unas cervezas y platicarte como va todo con quién-tú-sabes. Aunque, aún en estas cavilaciones, seguirías reprendiéndome por elegir a alguien tan joven. No me culpes, no pude evitarlo. Y aún ahora, en la realidad que nos corresponde, sigo debatiéndome entre la insistencia y la retirada. Sigo aferrándome a un suspiro de esperanza. Ya sé que no tengo remedio.

Tu vida y la mía,  se unieron por una serie de eventos tan comunes, que yo estaba segura de que jamás podrían pasarme a mí. Tampoco imaginé que tales cosas pusieran en evidencia, lo frágil que resultaba mi mundo.
No, este no es otro tonto arrepentimiento. Lo que pasa es que hoy me siento especialmente imbécil. Además te extraño. Y me ha dado gusto verte aunque sea desde esa fotografía. Todos dirían que la he robado, pero si también salgo yo, no cuenta como tal. Una parte del recuerdo, me corresponde. Así como nos corresponden las canciones de esa noche y que a nadie más he de compartir.

No creas que no me acuerdo de ti, se vuelve difícil cuando lo que más tenemos en común es el nombre. Pero se me perdieron las agallas junto con tu número telefónico. Y no se me olvida que me fui (otra vez), justo después de decirte que no lo haría. Me volví a comportar como un criminal, creyendo que actuaba como superhéroe. Te digo que por confusiones, aquí no paramos.

Me pregunto si hará falta otra fotografía, una donde yo pueda salir llena de seguridad y donde tus ojos, claramente digan que esa es la última vez que me hospedas en tu vida. Luego podremos salir un par de veces al mes a tomar unas cervezas para contarte como quién-tú-sabes, anota cuadrangulares conmigo.

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