Ir al contenido principal

Otoño.

Otoño es una de las estaciones que más me gusta. Aunque lo acertado sería decir que cualquier estación ausente de calor y bochornos es mi favorita. Sin embargo, el otoño, posee un balance que lo vuelve atractivo. Sus mañanas son frías pero soportables, sus tardes cálidas y sus noches se presumen frescas.
Sobran pretextos para salir a dar una vuelta por la ciudad, llegar por un café o visitar a un amigo. Las pláticas se tornan cálidas e incluso, el humo del tabaco es menos molesto. Pienso que el tabaco adquiere mejor sabor en los climas fríos.
Los atardeceres del otoño, aún cuando la ciudad quiere interponerse, bañan las calles con sus tonos aún más vivos que los de la primavera. Porque la primavera se siente la reina sólo por sus colores chillones, pero el otoño es serio, sobrio y elegante. El otoño huele a galletas recién horneadas, a té de manzana con canela, a chocolate humeante con malvaviscos. 
El otoño carga con las lunas más hermosas y para los poetas, el trabajo aumenta más que en otros periodos. Al verano no se le puede componer un soneto porque para lo único que sirve es para enamorar momentáneamente a los débiles de corazón. A los que las playas los llenan de regocijo sólo por un instante. El verano acarrea con diversiones infantiles que se olvidan al finalizar la temporada. El otoño es la estación perfecta para depurarse, porque nosotros, igual que árboles, cargamos con hojas que han de caer en algún momento. Y es que el otoño, llega para llevarse todo lo que ya no necesitamos. Trae consigo las bromas de pequeños monstruos, vuelve las noches más largas y recibe la visita de los que tuvieron que partir.
Resumiendo un poco, el otoño, se hizo para escribirle a los caídos y para ayudar a todos esos amores que no necesitan de una primavera para florecer.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Una mañana

Todo fue tan raro. Cuando desperté la cama estaba vacía, había recuerdos por toda la habitación. Las cortinas serpenteaban con las ligeras ráfagas de viento que entraban por mi ventana. Escuchaba claramente el paso de los vehículos, el sonido del ventilador, la radio que solo sintoniza una estación sin ponerse loca. Tenía los ojos rojos de tanto llorar, no recordaba en que momento me había quedado dormida. La espalda me ardía, el corazón latía con fuerza, como si se fuera a salir de su lugar, la alarma de mi teléfono celular comenzó a sonar, faltaban cinco minutos para las seis de la mañana. Era lunes. Me levanté como pude y me acerqué a la cafetera a servirme una taza, no había nada, lo olvidé anoche. Saqué la bolsa de la alacena y puse a funcionar la máquina. Caminé descalza por toda la casa, sintiendo el frío del suelo, caminaba de un lado a otro sin saber donde detenerme ¿detenerme para qué? Nunca lo supe. Entré en la regadera y abrí la llave del agua fría, me caló todos los hues…

Pequeña libreta roja.

Algún día voy a escribir nuestra historia, para que sepan que la vida es lo mejor que nos puede pasar. 28 de agosto de 2015.
Le escribí aquello hace un par de años en una libreta roja, que ahora tengo de vuelta, le escribí porque estaba por salir de viaje a Orlando, era la primera vez que viajaba completamente sola y estaba aterrada, le habían contado un montón de cosas acerca del aeropuerto de Dallas y de cómo tenía que moverse a la velocidad de los chitas antes de que los montones de orientales, desembocaran en ese lugar cómo un cardumen de atún. Aquella libreta me la regaló una de mis mejores amigas en una ida a un café que con el tiempo dejó de existir, siempre me ha gustado que me regalen libretas, aunque casi siempre termino por abandonarlas un tiempo. Me pareció una idea escribirle algo y que se lo llevara, la libreta es pequeña, no le iba ocupar mucho espacio. Siempre he sido pésima para elegir obsequios, pero me pareció la mejor idea del mundo que la llevara. Me gustaba la idea…

Mañana.

Hoy es el último día que te escribo. Hoy me despido de ti. Hoy dejo de ser la mujer que más te ama para convertirme en la que más te amó. Te escribí esto en el cuaderno que me regalaste y que por años ha guardado todo eso que siento por ti. Lo he escrito ahí para que cuando tenga ganas de buscarte, pueda abrirlo en la página correcta y detenerme antes de cometer una locura.
Te escribo porque es la única forma que tengo para no romperme, porque ganas de llamarte no me han faltado y caigo en cuenta de que si llegaras a contestar, no sé qué te diría. No sabría de que hablar. No sabría que hacer. Ya sabes que para mí siempre ha sido mejor escribir.
Ése cuaderno no sólo guarda algunas formas de lo que ha sido mi amor por ti, también guarda la última rosa que me regalaste y que con el paso de los meses se ha ido secando. Así como se fue secando tu amor por mí.
Te escribo como nunca me sentí capaz de hacerlo: Con tristeza, enojo, con ganas de llorar. Pero me aguanto porque ya no queda de ot…