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Retazos.




A estas alturas, escribirte ya no es una locura. Locura, es dejar que me consuma la incertidumbre pero no puedo permitírmelo porque, ante todo, ahora tal vez sea tu turno.

Quiero hacer sangrar a estas letras para que haya constancia de que, esta parte de mí es la real y no el álter ego, dominado por fantasmas de un pasado que ya no me pertenece.

Debo estar loca o tener problemas de algo porque hoy y luego de librar una batalla, me he quedado sentada en algún lugar, a ver como la vida pasa. Y es una mierda. Y el café hasta se ha enfriado.
Es una fortuna poder escribir y no tener que atormentarme por pagar la factura del terapeuta. Casi es seguro que debo estar loca o tener problemas de algo porque, sin amarte, me empieza a consumir tu ausencia. Y es que nada tiene lógica. Sin embargo todo está muy claro. Esta vida no nos corresponde compartirla.

Dejé preparadas mis maletas al lado de la puerta. Tenía la idea de comenzar otras historias. Las dejé ahí por estrategia, algo me decía que tendría que regresar por donde vine. Y es que llegué un poco tarde, perdón. Aunque de todos modos ya había llegado tarde a la vida, desde un principio.

No es que nos falte corazón para estar. Nos falta aprender a remendar nuestras costuras porque los trapos viejos, con el tiempo se desgastan. Y es cuando vamos por ahí, haciendo jirones de nuestra propia vida. Tal vez jamás volvamos a vernos completos y andemos aquí y allá, perdiéndonos de la gran historia que nos debemos. Pero entiende algo, las mantas hechas con otros pedazos son más cálidas que un aburrido y rasposo, retazo que nunca ha sido cortado por la vida.

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Aclaración y quejas.

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