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Mostrando entradas de 2013

Por si las moscas.

Olvido, es una palabra grave, dice la gramática y también la vida misma. Olvido. Una palabra que, si mi opinión les viene adecuada, tiene una estructura hermosa. Olvido, una palabra que debería ser, aparte de protagonista en tantas historias a través de los años, el reflejo de lo bello y de lo que no lo es tanto. Del miedo y del placer. Olvido. Una palabra tan gastada por el uso diario y el abuso. Olvido, una palabra que se escribe para contradecir su razón de ser. Su motivo de vivir. Hay palabras que con frecuencia olvido, pero esta, no es una de ellas. Si he de ser franca, el olvido, no es una opción. El olvido es capaz de apagar las risas, de mermar los restos del alma juvenil que vaga entre recuerdos a distancia y puede, incluso, disolver las ilusiones de años venideros. Y el olvido es grave siempre que te haga dejar de sonreír. Por eso yo no te olvido. Puede que te haya guardado durante años, en cajas que acumularon motas de polvo, en el desván de mi vida. Puede incluso que haya…

Once años.

Dolió. De una forma muy parecida a cuando la delgada hoja de afeitar, abre surcos en la piel. Era un dolor silencioso, progresivo. Quería gritar pero mi voz se ahogaba. Se perdía en este escenario, al que nunca supe como fue que llegué. Me encontraba en casa, de eso podía estar segura. Pero era diferente, era igual a cuando tenía once años. El calentador de agua, nuevamente, necesitaba de leña y cerillas. La puerta de la regadera tenía ese penoso color naranja que tanto odiaba. Y sin embargo, me daba cuenta de que no tenía once años y que era imposible que, de la nada, el pasado se materializara frente a mis ojos.
Entré y todo estaba a oscuras, solo se escuchaba el ruido del refrigerador. Abrí la puerta de la habitación del fondo, esperaba encontrarla ocupada por un cuerpo. Esperaba escuchar su acompasada respiración, el olor a brillantina tan característico. Pero no había nadie, la cama estaba hecha, la pequeña televisión a blanco y negro descansaba sobre el buró, igual que cuando t…

No le cuentes a mi madre.

Fotografías, crímenes, salidas repentinas y otras cosas.

Me encontré una fotografía nuestra. La última que nos sacamos después de tantos años. Pude adivinar la timidez de mi sonrisa y la emoción que brillaba en tus ojos. No hemos salido mal. Recuerdo la de fotos que nos sacabamos antes, solo porque sí, porque no había más qué hacer. Y ya no las tengo porque la parte de mí que iba para todos lados buscando pretextos para verte, se fue de vacaciones y no quiso volver. Se llevó las fotografías y me dejó aquí sola, con la hoja en blanco y lista para empezar de nuevo. Pero el montón de hojas, ansiosas de nuevos inicios, no logran llenarse. Porque soy un criminal y los criminales, regresamos a la escena. No para limpiar el cochinero. Quizá, esa sea la razón por la que comenzar otra vez, se ha vuelto difícil. Todos mis crímenes me han hecho feliz y tengo el mal hábito de siempre regresar a la página que me estremeció el alma. Porque me gusta releer y comprender, antes de seguir con las historias. Y nosotros fuimos historia.
He pensado muchas veces …

Sin previo aviso.

Condujo por la ciudad ya muy entrada la madrugada. Desconocía la razón pero, la noche, le resultaba tan atractiva en aquellas horas. Las luces de los edificios surcaban su cuerpo como fantasmas, conforme avanzaba por las enormes líneas de asfalto. En el asiento del copiloto, una respiración acompasada, le hacía compañía. De vez en cuando apartaba la vista del camino para fijarse en su pasajero. Detallaba sus piernas, sus senos, la curvatura de su cuello, sus delgadas manos y ese rostro, infantil y maduro, que se ocultaba debajo de los miles de cabellos largos y oscuros, esparcidos por doquier.
Se detuvo en una gasolinera donde había un restorán abierto las veinticuatro horas. No comía absolutamente nada desde el desayuno y su cuerpo empezaba a ponerse fúrico. Bajó del automóvil dejando a su acompañante dentro. Pidió un par de sándwiches de pavo, un café y como quien no quiere la cosa, una botella de whisky barato. “Se están robando a tu novia” le dijo la camarera, señalando en direcció…

Otoño.

Otoño es una de las estaciones que más me gusta. Aunque lo acertado sería decir que cualquier estación ausente de calor y bochornos es mi favorita. Sin embargo, el otoño, posee un balance que lo vuelve atractivo. Sus mañanas son frías pero soportables, sus tardes cálidas y sus noches se presumen frescas. Sobran pretextos para salir a dar una vuelta por la ciudad, llegar por un café o visitar a un amigo. Las pláticas se tornan cálidas e incluso, el humo del tabaco es menos molesto. Pienso que el tabaco adquiere mejor sabor en los climas fríos. Los atardeceres del otoño, aún cuando la ciudad quiere interponerse, bañan las calles con sus tonos aún más vivos que los de la primavera. Porque la primavera se siente la reina sólo por sus colores chillones, pero el otoño es serio, sobrio y elegante. El otoño huele a galletas recién horneadas, a té de manzana con canela, a chocolate humeante con malvaviscos.  El otoño carga con las lunas más hermosas y para los poetas, el trabajo aumenta más q…

Olvido.

Entender y recordar. De eso se trataba el escribir. Encontrar los errores, encontrarme a mí y no olvidar donde quedaron mis pedazos. De eso se trataba y lo olvidé. Olvidé que las pausas servían para acomodar las ideas y que los puntos suspensivos, no van conmigo. Sobre todo, me olvidé que los finales no siempre llevan a un epílogo. Lo olvidé todo, lo olvidé, lo olvidé. Y lo olvidé porque, cuando ya no sabía que escribir, me acordé que existes.

De lo que ya no se escribe.

No tenía pensado hacerlo público, pero es que me gusta mucho. El texto también.



Surgical Steel, lo nuevo de Carcass.

Me acuerdo cuando años atrás, muchos años atrás, era toda una odisea hacerse de tal o cual álbum. Las tiendas de discos, como todas, surtían por demanda y para aquellos tiempos, el metal estaba dentro de una cloaca que no todos querían destapar, por miedo a liberar a Satán y a todas las ánimas del inframundo. Era el siglo XX y ¡todavía creían en ritos satánicos y toda esa mierda! 
La cosa es que ahora, gracias a Internet y a esos que por “error” filtran materiales en la red, las esperas se han agotado y también, la sensación de alivio. Esa que nacía desde lo más profundo de nosotros, al terminar de escuchar el disco, luego de un largo periodo de espera. Y aunque desaparecieron ciertas costumbres y emociones, todo tiene su lado bueno y es que, nos ha puesto frente a un enorme universo musical, que desea ser explorado. Y cazado. 
Ya se venía hablando del tema desde hace meses y hasta hace unos días, nos cayó un pequeño adelanto del que sería el nuevo material de Carcass, luego de mucho…

Retazos.

A estas alturas, escribirte ya no es una locura. Locura, es dejar que me consuma la incertidumbre pero no puedo permitírmelo porque, ante todo, ahora tal vez sea tu turno.
Quiero hacer sangrar a estas letras para que haya constancia de que, esta parte de mí es la real y no el álter ego, dominado por fantasmas de un pasado que ya no me pertenece.
Debo estar loca o tener problemas de algo porque hoy y luego de librar una batalla, me he quedado sentada en algún lugar, a ver como la vida pasa. Y es una mierda. Y el café hasta se ha enfriado.
Es una fortuna poder escribir y no tener que atormentarme por pagar la factura del terapeuta. Casi es seguro que debo estar loca o tener problemas de algo porque, sin amarte, me empieza a consumir tu ausencia. Y es que nada tiene lógica. Sin embargo todo está muy claro. Esta vida no nos corresponde compartirla.
Dejé preparadas mis maletas al lado de la puerta. Tenía la idea de comenzar otras historias. Las dejé ahí por estrategia, algo me decía que t…

De alguna forma.

"Hay una grieta en todo, así es como entra la luz" Leonard Cohen.


De alguna forma, todos estamos rotos. Incompletos. Hechos de pequeños pedazos de historias, que piden a gritos, ser contadas. Porque las historias, son las que nos llenan de vida. Las que nos hacen volar, sin desprender los pies de la tierra.
De alguna forma, todos estamos rotos. Deseosos. Sujetados por grandes cantidades de sueños que habitan, pacientes, en la sala de espera de nuestra mente. Sueños que nos dibujan sonrisas, cuando tenemos ganas de llorar.
De alguna forma, todos estamos rotos. Solos. Maravillados con ese pedazo de mundo que nos toca y disfrutamos, que nos hace felices, hasta que alguien regresa para reclamar (sin hacerlo) la parte, que un día, compartiste.  
De alguna forma, todos estamos rotos, pero conscientes del lugar donde se han quedado nuestros pedazos. Por si un día, decidimos recuperarlos.

Batalla

Rompiste la taza antes de servirme café.

Bitácora de sueño.

Otra vez no puedo dormir. Tengo la razón clavada entre los ojos, aunque yo diga que no. Si te escribo es porque mis madrugadas están ausentes de ti. También mi vida y mis caídas. Todo es ausencia, si lo vemos desde mi perspectiva.
No quiero que se agoten mis reservas de sueño, a menos que sea para entablar una lucha por la posición de nuestros cuerpos. Aunque si lo pienso de otra forma, ese color té que tienen tus ojos, fácilmente me puede relajar. Entonces me pregunto si me ven a mí o a lo que fui.
Eres mi amante insomne porque aunque quisiera, no puedo llamarte de otra manera. Vienes y haces de mis noches un tormento. Te acercas un poco y siempre voy a querer más de ti. Te alejas y entonces mis noches son insoportables. Como esta, como las siguientes y las anteriores.
Por tu culpa he corrido un derby desde mi cama y también llegado a la Luna. Porque desde entonces, mis noches me cuentan historias y te inventan en distintas formas. Porque te vuelves el torrente de cafeína, que me recorr…

Deténgase y escuche: Darkest White de Tristania.

Ya va siendo hora para desechar las comparaciones. Tristania, o mejor dicho, la nueva era de Tristania tiene ya dos discos en su haber. “Rubicon” me agarró con la guardia baja, pues habían pasado muchos años desde la última vez que los escuché. De alguna forma, verlos en vivo antes de probar el disco, amortiguó un poco el golpe. Demurtas, tal vez no tiene una impresionante voz como Vibeke, sin embargo, tiene lo necesario para cargar con el peso de una banda ya consolidada. En aquella ocasión hizo del escenario lo que quiso y cuando un vocalista, te inyecta toda esa energía, es algo que se agradece.
“Rubicon” no es un gran disco, encuentro un sonido nervioso e inseguro. De otra forma no hubieran utilizado a Kjetil Nordus como soporte de Mary. La combinación de las voces me gusta, suenan bien juntos, pero si todo el “Rubicon” hubiera seguido el esquema de la canción “Year of the Rat”, probablemente habría tenido una mejor respuesta.
Darkest White es lo nuevo de la banda y aunque los prim…

No cuenta como robo.

El domingo desperté con la ingeniosa idea de escribir un cuento de ciencia ficción, sobre un sujeto que tenía la cualidad de adoptar la forma que le diera gana. Tuve un sueño respecto a eso, vi su apariencia física y todo lo necesario para describirlo (el sueño terminaba conmigo en la cárcel). Hasta había pensado en mi discurso cuando me dieran mi premio Nébula. La ducha, es un buen lugar para planear la conquista del mundo y también, para que se te ocurran las mejores ideas y no tener donde escribirlas (Eso era hasta que inventaron las notas impermeables, click aquí para leer la nota). Ahí, en ese templo de la procrastinación y la creatividad, se fue todo al carajo. La ingeniosa idea sobre el sujeto polimorfo que vivía entre humanos, no era más que una parte que había leído la noche anterior y que mi subconsciente, adoptó como suya. Yo no iba a robar usar la idea de Alfredo. O quien sabe. En un mundo en el que ya todo (o casi todo, yo que sé) está escrito, no hay mucho para donde ha…

Retratos

Hay sombras bajo tus ojos, escombros de sueños que no fueron, marcas de batallas perdidas. No veas el reloj, se ha hecho tarde de nuevo. Sabes que debes correr, quizá con la taza de café en la mano, de ese café barato que consigues en cualquier supermercado. Es horrible y lo sabes, pero es rápido. Tres minutos en el microondas, un par de cucharadas  y ya está. Con algo de suerte alcanzarás el bus de las ocho y quince, conoces el trayecto a la perfección y el tiempo parece detenerse, tus pulmones no colapsan. Llegas puntual cuando vas tarde. Respiras con calma, aún no hay nadie  por  los pasillos. Un cigarro que apacigüe el hambre, se te ha olvidado desayunar otra vez. Caminas hasta la cafetera, el tiempo avanzó rápido y ya hay algunas personas. Piensas si serán igual que tú. Si se les hará tarde por las mañanas, si comprarán la misma basura de café del supermercado, si a ellos también se les olvida desayunar de vez en cuando. Sirves tu segundo café del día, con un poco de crema para mit…