Ir al contenido principal

Madrugando.

No sabía lo interesante que es perderse tanto tiempo en un oxxo con un capuccino caramelo, un paquete de Marlboro rojo y nueva música.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Clavos de olor.

La diferencia.

Aún hay ocasiones en las que te pienso a deshoras, pero no me incomoda más tu fantasma. Ya no escribo notas en las servilletas de los restaurantes ni busco restos de amor en piezas de canciones. No te quiero tanto como solía hacerlo, ni encuentro la manera de verte diferente entre la multitud. Se ha perdido tu rostro entre miles más. Te quité el disfraz de musa, la inmortalidad del personaje novelesco y fijé en ti la humanidad. Aprendí a verte como a cualquier otra persona. Qué diferente eres ahora que tu cabello no enreda mi mundo ni que tus largas manos sostienen todos mis miedos. Que distinta es ahora tu voz incapaz de emitir mi nombre. Silencio… no lo digas. Y es verdad que a veces me arrepiento de entregarte todo. De regresar sin nada más que el peso de tu ausencia. De abrazar los recuerdos para que no se perdieran en el camino. Sí, a veces me arrepiento. Te ves tan diferente ahora que repaso las viejas fotografías y es que si no me hubiera aprendido de memoria tu rostro, podría jur…

Dreaming light.

Apagué la vieja lámpara y me eché a la cama a mirar el techo. Me vi como si se tratara de una escena de película donde, desde arriba, la toma empieza a girar mientras el personaje se pierde entre lo más absurdo de sus pensamientos. Había elegido la misma canción que todo el día he escuchado y cerrado los ojos, esperando caer dormida con ese ligero soundtrack. Un par de veces, sin querer, tomé el teléfono como quien abre el refrigerador aún sabiendo que no hay nada dentro.  Un día simplemente dejó de doler y lo peor no era la falta de dolor. Lo peor era que no sentía nada. Me había quedado sin el trozo de papel arrugado y con rayones al que había nombrado como la historia perfecta. Lo había tirado al cubo de papeles que tengo en la habitación junto con la envoltura de un chocolate que me había comido antes de meterme a la cama. Y entonces pensé que no había una mayor muestra de amor propio que soltar aquello que te erizó cada fibra y te mantuvo al borde de la locura. ¿Recuerdas aquella ca…