Ir al contenido principal

Everything in motion.


¿Crees que si alzo la mano lo suiciente, pueda alcanzar a tocar el cielo? Se ve tan cerca de nosotros que me muero por sentirlo. Si me pongo de pie tal vez pueda coger un poco y dártelo.
Quiero acercarme más al inmenso azul pero las luces lastiman mi vista, quiero cumplir mi promesa de llevarte a el. Espera, vas muy de prisa. Detente un poco.
Puedo sentir como el viento acaricia mi rostro, como pasa entre mis cabellos. Me gusta cuándo estás a mi lado aunque todo esté en movimiento.
Conozco tu mirada, se que tienes miedo. Regalame otra vez esa sonrisa que tenías cuando nos conocimos, a cambio te doy el cielo. ¿Por qué no contestas? ¿Por qué guardas silencio? ¿Cuándo fue que perdiste tus fuerzas?
No puedo alzar la mano lo suficiente par alcanzar a tocarlo, lo veo tan cerca de nosotros y siento que muero sin tomarlo, si me pongo de pie tal vez pueda coger tu mano y quedarme ahí. Quiero acercarme más pero la distancia es inmensa, las luces rojas empiezan a lastimar mi vista, intenté cumplir la promesa de llevarte al cielo pero ibas tan rápido que no pude alcanzarte. Te pedí que te detuvieras.
El viento pasó por nuestros cuerpos sin amortiguar la caída, estabas a mi lado hasta que te perdí. Por eso tenías miedo y yo también, pude sentirlo. No puedo verte, no puedo escucharte, no fui capaz de darte el cielo. Silencio.


(Fotografía Renato Dirrezi)

Comentarios

Entradas populares de este blog

Una mañana

Todo fue tan raro. Cuando desperté la cama estaba vacía, había recuerdos por toda la habitación. Las cortinas serpenteaban con las ligeras ráfagas de viento que entraban por mi ventana. Escuchaba claramente el paso de los vehículos, el sonido del ventilador, la radio que solo sintoniza una estación sin ponerse loca. Tenía los ojos rojos de tanto llorar, no recordaba en que momento me había quedado dormida. La espalda me ardía, el corazón latía con fuerza, como si se fuera a salir de su lugar, la alarma de mi teléfono celular comenzó a sonar, faltaban cinco minutos para las seis de la mañana. Era lunes. Me levanté como pude y me acerqué a la cafetera a servirme una taza, no había nada, lo olvidé anoche. Saqué la bolsa de la alacena y puse a funcionar la máquina. Caminé descalza por toda la casa, sintiendo el frío del suelo, caminaba de un lado a otro sin saber donde detenerme ¿detenerme para qué? Nunca lo supe. Entré en la regadera y abrí la llave del agua fría, me caló todos los hues…

Pequeña libreta roja.

Algún día voy a escribir nuestra historia, para que sepan que la vida es lo mejor que nos puede pasar. 28 de agosto de 2015.
Le escribí aquello hace un par de años en una libreta roja, que ahora tengo de vuelta, le escribí porque estaba por salir de viaje a Orlando, era la primera vez que viajaba completamente sola y estaba aterrada, le habían contado un montón de cosas acerca del aeropuerto de Dallas y de cómo tenía que moverse a la velocidad de los chitas antes de que los montones de orientales, desembocaran en ese lugar cómo un cardumen de atún. Aquella libreta me la regaló una de mis mejores amigas en una ida a un café que con el tiempo dejó de existir, siempre me ha gustado que me regalen libretas, aunque casi siempre termino por abandonarlas un tiempo. Me pareció una idea escribirle algo y que se lo llevara, la libreta es pequeña, no le iba ocupar mucho espacio. Siempre he sido pésima para elegir obsequios, pero me pareció la mejor idea del mundo que la llevara. Me gustaba la idea…

Mañana.

Hoy es el último día que te escribo. Hoy me despido de ti. Hoy dejo de ser la mujer que más te ama para convertirme en la que más te amó. Te escribí esto en el cuaderno que me regalaste y que por años ha guardado todo eso que siento por ti. Lo he escrito ahí para que cuando tenga ganas de buscarte, pueda abrirlo en la página correcta y detenerme antes de cometer una locura.
Te escribo porque es la única forma que tengo para no romperme, porque ganas de llamarte no me han faltado y caigo en cuenta de que si llegaras a contestar, no sé qué te diría. No sabría de que hablar. No sabría que hacer. Ya sabes que para mí siempre ha sido mejor escribir.
Ése cuaderno no sólo guarda algunas formas de lo que ha sido mi amor por ti, también guarda la última rosa que me regalaste y que con el paso de los meses se ha ido secando. Así como se fue secando tu amor por mí.
Te escribo como nunca me sentí capaz de hacerlo: Con tristeza, enojo, con ganas de llorar. Pero me aguanto porque ya no queda de ot…