diciembre 31, 2011

Viejos y nuevos.

Hoy muchos están pensando en sus propósitos de año nuevo, haciendo listas que seguramente jamás cumplirán. Otros tienen en mente cosas sencillas como conservar su trabajo o terminar de pagar su casa. Yo no. A mi familia tampoco le ha preocupado el preparar la cena. El año se acaba y a nosotros, los que compartimos esta casa, parece valernos madre.

Cuando era más joven y creía que a partir de los dieciocho todo sería fiesta, renegaba porque no hacíamos festejos como mis vecinos, que por la mañana, no era sorprendente verlos tirados en la calle o aún con ganas de más. Luego entendí que no eramos una familia numerosa, la mayoría seguíamos siendo unos niños y los grandes, el único alcohol que consumían era el del noventa y seis, con el que curaban el resultado de nuestras travesuras fallidas. Los festejos de año nuevo empeoraron cuando ya conocía los placeres del alcohol, imaginar que tendría que pasarlo en casa sin poder tomar algo era un poco incomodo, peor era creer que conectándome al mensajero solucionaría todo, pero no había nadie. Era obvio. Imaginaba que todos tenían fiestas reventadas, tipo video de Whisky in the Jar. Por último, decidí abandonar toda relación familiar en año nuevo, con la noche buena bastaba.

Supongo que es algo similar a la vida de matrimonio, de nueve a doce en casa de mis papas y de doce a no importa la hora, en casa de mis suegros, que en este caso vienen a ser mis amigos. Se llama balance y lo he practicado por años. A excepción de este, que lo único que promete es ser otra noche más de jolgorios, es el último fin de semana del año y algo bueno debemos hacer con el.

Yo no tengo propósitos para este 2012, cada que me levanto intento algo nuevo y eso ya es mucho. Tampoco voy a salir de casa con las maletas y pasearme una y otra vez para que haya muchos viajes, porque ni maletas tengo, a ver si me recuerdan el año que entra que debo comprar un par.

Por mi parte, lo único que si deseo es que el próximo año, sean más lectores los que visiten este blog, prometo hacer de este un buen lugar para pasar el rato. Que si no quieren leer libros, me lean a mi. En fin, muchas cosas más. Hoy no haré más remembranzas porque lo más importante ha quedado inmortalizado aquí, antes de que se me olvide.


Feliz 2012
Familia, amigos y lectores.



S.



diciembre 27, 2011

El servicio postal a través del tiempo.

Tal vez cuándo leas esto, habrás olvidado ya muchas cosas. De todas esas formas y detalles que haz conocido a través de los años, solo quedan las fotografías y una pequeña parte de un recuerdo a medias.
Hoy es otro cumpleaños más, estoy en la oficina tomando café en el vaso que nos regaló mi abuela hace unas semanas. Lo he calentado ya un par de veces pues hoy el frío está algo intenso. ¿Recuerdas aquel que nos azotó en febrero de 2011? Pues este le anda pisando los talones.

Sigo escuchando la misma música de hace tres años, las mismas canciones que me han roto cientos de veces y con las que más me acuerdo de los que ya no están. He cambiado de marca de cigarrillos, pero ahora por la falta de tiempo tengo que conformarme con fumar Marlboro. Hay una tienda cerca de casa que vende los que me gustan, pero me da flojera caminar hasta allá solo por una cajetilla. A veces hasta prefiero no fumar.

He viajado un poco y conocido mucha gente increíble, “mañana me voy a Europa” digo cada que me despierto, ya sabes, a falta de terapia profesional, dos tres palabras de aliento de uno mismo no hacen daño.
Mis amigos siguen siendo los mismos y espero que lo sean para entonces. Diles lo que ya saben y si en una de esas, metiste las dos, discúlpate. Total no pasa de que te digan que no. Mi Madre está bien, aún le pesan las ausencias igual que a todos, pero ahí sigue. Desvelándose cuándo sabe que voy a regresar a casa, llamándome la atención por mi vida de folclor y haciendo berrinche cada que salgo con la maleta en la espalda. Pero siempre apoyándome para que no me quede con ganas de nada, ya sabes como es.

Llevo mucho tiempo leyendo a Hemingway y aún no termino, es de esos autores que no acabas de digerir y los pones en espera para la próxima ocasión que se te antoje. Bueno tampoco tengo mucho tiempo para leer como antes, las tres horas diarias se han reducido a 4 páginas cada tercer día y se me hacen muchas. Hoy los libros van a ocupando más espacio en la casa que su contenido en mi cabeza.

Simón cada vez está más fuerte, nunca se ha enfermado y come como puerco, defeca de igual forma. Es un buen perro y para ser el primero que he tenido en toda mi vida, no ha sido tan difícil educarlo, eso sí, a los señores del gas no los quiere y cada que van quiere asesinarlos. ¿Ahora que tenemos? ¿Un gato? ¿Cotorros? Siempre he querido tener cotorros pero me da la impresión de que olvidaré alimentarlos, mejor no me arriesgo.

Quizás no entiendas porque decidí escribirte una carta, el hecho es que lo hice. No se por lo que estemos pasando ahora que lees esto, pero es seguro que sea lo que sea, podremos con ello. Nunca te olvides de lo que fuiste, porque no es más que lo que eres ahora. No te hará daño volver la vista hacia atrás para recuperar un poco de lo que dejaste. Si te escribo esto es porque te quiero y porque nada me haría más feliz, que me recordaras dentro de diez años. Ojalá que todo lo que hemos planeado durante todo este camino, este dando frutos y si no, que este texto sea capaz de devolverte eso que te haya quitado las ganas de hacerlo.





Con cariño, tu yo de veinticuatro años.

diciembre 22, 2011

In Memoriam.

“La misión de cada hombre es llegar a sí mismo. Podríamos ser poetas, locos, asesinos o profetas, eso era irrelevante, pues al final, lo realmente vital para cada uno, es encontrar su destino y vivirlo intensamente”.

-Herman Hesse.




Le estaba escribiendo una letanía a su recuerdo hasta que caí en la cuenta de que no necesitaba expresarlo detalladamente y menos, de manera pública. Oprimí el botón de suprimir y me preparé un café.
Me puse a pensar en todas esas historias que contaba. Las noches de verano sobre la azotea resultan mágicas ahora que pienso en ellas, esa pequeña televisión a blanco y negro que por años transmitió grandes momentos y todo puede resumirse a una gran historia que tal vez, nunca llegue a escribir.

Resulta que me he vuelto muy celosa de mis recuerdos, algunos los he olvidado con el paso de los años por mera intención, otros permanecen reproduciéndose día a día, como si los viviera sin parar y el resto están guardados en alguna parte. Él ahora es uno de los que siguen reproduciéndose, hace un año murió y con él, un capítulo terminó de escribirse por si solo.

Los años seguirán pasando y poco a poco olvidaré como recordarlo al instante, demoraré dos minutos, cinco, un día. Me quedarán sólo las fotografías y este texto, el playlist de aquel amanecer, el olor de la canela hirviendo en la taza de aluminio. El silencio ensordecedor que dominaba nuestra habitación y las miradas que cada uno evitamos para no desarmarnos. Me quedaré con lo que le aprendí.
Los lugares irán quedando vacíos al pasar de los años, nuestras bocas dejaran de emitir sonidos, nuestro cerebro ya no recibirá imágenes y sin embargo, existirá alguien que pueda recordarnos. Que nos mantenga con vida.

Desearía que estuviera aquí para leerle lo que con sus historias dotó de vida, pero solo podrán leerlo, los que estén cerca  y los más alejados, los que te conocieron y los que faltaron, a los que viste y a los que no llegaron a tiempo.
Las letras de la ausencia me rompen, la voz ahogada de una despedida que anticipadamente tuvimos revolotea incansable. Guardabas silencio mientras te leía a Dostoyevski, te quejabas un poco, no sé si de dolor o de lo mal que leía por culpa de mi incapacidad al ver de cerca el inminente final. Las cosas cambiaron tanto. Un invierno crudo nos azotó al poco tiempo que se fue. Los árboles, a los que le cortaba sus ramas cada año para que no estorbaran el cableado eléctrico se quemaron, sólo sobrevivió el pingüico. El durazno dio un solo fruto en la primavera, tal y como lo esperaba desde que lo plantó.

A manera de recuerdo, dejo estas líneas para que otros las lean y sepan, la formidable persona que inspiró a crear montones de borradores que están guardados en mi habitación y que un día podré terminarlos. Empezaré por ese “Gracias por vivir sin reservas” que se me quedó atorado en la garganta aquella tarde del 23 de Diciembre de 2010.

diciembre 15, 2011

Cambio integrante de banda de rock por un buen título.


No se, no sé, de repente se me vino la idea a la cabeza. Estaba viendo vídeos de canciones que en algún momento de la adolescencia llenaron mis discos grabados ilegalmente en mi computadora. Vídeos de bandas que seguramente muchas de ellas ya no existen o se cambiaron el nombre o de integrantes. Bandas a las que les perdí el rastro porque solo complementaban esa parte de mi vida. Pero al fin bandas, música.

Siento yo que en el rock, a diferencia de otros géneros, el afecto a una banda, la emoción tan absurda con la que le entregas 45 minutos de tu vida para escuchar un disco, va más allá de la popularidad de la misma. Tiene un algo que sin saber explicar como, te absorbe y no te deja ir hasta que tu quieras. Puede ser la banda más pinche del mundo y sin embargo a ti, una canción o todas, te mueve el interior. Siempre pasa.
Pero es tanto el cariño por cada banda que siempre nos pone a discutir y dar los mejores argumentos del porqué mi grupo es mejor que el de la otra persona, pláticas que concluyen en una sola cosa: Un grupo nuevo por escuchar. 

Los músicos nos entregan lo mejor de si en cada disco, en cada concierto, algunos dejan de hacerlo por amor, al ver las cifras millonarias de su contrato con una disquera importante y es válido. Nosotros como fans tenemos todo el derecho de juzgarlos, de ofenderlos cuándo encontramos una mala producción y de adorarlos cuándo sus canciones nos llegaron directo al alma. Lo que no está bien es que no seamos capaces de dar una oportunidad al cambio, a una posible evolución.
Al igual que en los trabajos, en las bandas nadie tiene su lugar seguro, si no sirves habrá otro que sepa valorar su lugar y tenga ganas de hacer música. Siempre han existido cambios en los integrantes de las bandas, cambios por decisión de esta o de la persona en cuestión.

Muchos hemos endiosado a cada uno de los integrantes y nos hacemos a la idea de que cuándo el o ella dejen ese lugar, la banda se desmorona, cuando en realidad esa banda esta por convertirse en el Universo de alguien a quien no le gustaba con la formación original. Me pasó con Arch Enemy, me resultaban terribles cuándo Johan Liiva era la voz. Ahora es una de mis bandas favoritas gracias a la llegada de Angela Gossow y creo que el hecho de ver a una chica como vocalista de una banda de Death Metal influyó mucho. Ahora es como más común ver a una mujer haciendo guturales, pero siempre tengo muy presente aquella primera vez que escuché "Dehumanization" y aún, después de todos los años que han pasado sigue sorprendiéndome.

La  idea es darle siempre la oportunidad a esa banda, oportunidad que tiene bien merecida por habernos hecho vibrar en cada concierto, con cada disco. Todos tienen derecho a un cambio, a una evolución que puede o no gustarnos, nosotros decidimos si seguimos el camino a su lado o nos quedamos con los buenos recuerdos. Pero nunca debemos intentar quitarles las ganas a quien está por darle una segunda escuchada al grupo que años atrás rechazó, puede que se convierta en el centro de su Universo musical.

La diferencia.

Aún hay ocasiones en las que te pienso a deshoras, pero no me incomoda más tu fantasma. Ya no escribo notas en las servilletas de lo...