septiembre 11, 2011

Porque sí.

Cuándo alguién me pregunta por qué me gusta el rock, siempre me imagino respondiendo algo tan profundo como lo que dice Sam Dunn al final de su documental "Metal: A headbanguer's journey"(*) pero luego caigo en la cuenta de que jamás lo entenderían.


Explicar por qué me gusta el rock, sería como tratar de explicar el misterio de la vida misma, bueno, no exageremos. Pero es complicado.


Cuándo adopté ésta música como aquella que me acompañaría hasta el final de mis días, no adopté solo la parte buena, las bandas leyenda, no. Adopté todo lo que engloba el rock y sí, alguna vez fui una adolescente ridícula portando la imagen del rocker malo.


A lo largo de los años y conforme iba creciendo, el rock iba creciendo conmigo, ya no escucho las mismas bandas que escuchaba en la preparatoria y quizá en diez años no estaré escuchando las que ahora forman mi playlist. Tal vez en diez años cuándo esté leyendo esto, me reiré de mi misma al igual que ahora me rio de mi yo adolescente, con cadenas, picos y cruces invertidas grr.


El rock me gusta y la gente puede decir que no tiene sentido, que es música rara e inentendible; sin embargo su opinión es respetable aunque su gusto musical deje mucho que desear. Cuándo me preguntan por qué me gusta el rock, resumo mi infinito amor en un simple: Porque sí.


El rock me ha dado todo y por eso no puedo más que agradecerle por haberme elegido a mí como su escucha. Porque el rock, esa música rara e inentendible me abrió los oídos a un universo infinito de canciones, en el que no me va a alcanzar la vida para escucharlas todas. Porque el rock, me dio amigos entrañables y momentos que sólo se viven una vez y se recuerdan por siempre. Porque el rock es el mejor terapeuta que conozco y no me cobra por sesión. Porque el rock me ayudó a ambientar esas aventuras que cientos de autores escribieron en silencio.


El rock me gusta en todas sus presentanciones, me gusta el rock en vinil, el rock en cassette, el rock en cd, el rock digital, el rock privado, el rock en vivo, el rock masivo, el rock de viaje, el rock alcohólico, el rock de garage, el rock en sueños, el rock lector, el rock escritor.


Y si aún se pregunta por qué me gusta el rock, yo le respondo: Porque sí.






*"Mi respuesta ahora es, que el metal lo sientes o no. Si el metal no te provoca esa arrolladora sensación de poder, y no hace que se te ericen los cabellos de la nuca, tal vez nunca lo comprendas. ¿Y sabes qué?, eso está bien, porque a juzgar por los 40,000 metaleros que me rodean, estamos bastante bien si tí"

septiembre 10, 2011

Sábado sereno.

Hoy no fui a la oficina, sin embargo me levanté relativamente temprano. Me puse unos viejos pantalones que estaban a la mano, me recogí el cabello, admiré mis ojeras y fui a la tienda a comprar un sobre de ese horrendo café soluble de reconocida marca. Metí mi taza de círculos rojos al microondas y saqué un poco de leche del refrigerador para prevenir una terrible gastritis mañanera. Hace años que no tomo un café solo, debo estar envejeciendo.


Leí el periódico, nada nuevo; recordé mi sueño con Lady Gaga (ni yo entiendo porque la soñé), en el que ella me regalaba unos audífonos (?), escuché "1492" de los "Counting Crows" y pensé lo genial y serenas que resultan mis mañanas cuándo no está nadie. Limpié mi casa y me senté en la sala para seguir leyendo a Mary Shelley, luego re-acomodé los libros incompletos de los últimos meses. "Mañana los termino...", dice un post it. 


Me dí un baño y salí a la calle, había quedado de verme con una amiga en un centro comercial y llegué tarde. Llegué tarde porque pasé mucho tiempo en un retén de policías federales, asuntos de seguridad nacional, el tema de moda. La seguridad debería ser sinónimo de mito en nuestras tierras.
Me gusta hacer comparativos, por ejemplo, hoy tardé más en regresar a mi casa que lo que estuve con mi amiga comprando boletos para un concierto del que, leí por ahí, ya no había boletos. Pendejos Novatos.


Imposible no recordar el primer concierto fuera de la ciudad al que fui, como voy a olvidarlo si me costó vender varios de mis discos (porque yo era muy, muy pobre) y seguramente, me quedé sin cigarros.




Regresé feliz, con dolor de espalda y no fui a la escuela. Lo normal, ya saben.


Es Sábado en la tarde, no tengo ganas de salir, no tengo ganas de beber cerveza, seguramente voy a hundirme en cientos de canciones, compraré una Coca-Cola y una bolsa gigante de doritos, terminaré con Mary Shelley y pondré mi boleto de Judas Priest en el sobre dónde tengo el de Metallica y Slayer, para que no se maltrate. Mi único temor es partir a Guadalajara y olvidarlo. 





Clavos de olor.