julio 05, 2011

Para amar... a la música.


Desde la primera vez que escuché a SOAD, me enamoré de la voz de Serj Tankian. Ahora escuchando Elect the Dead, su disco debut como solista, reafirmo mi gusto y me doy cuenta que es de los pocos vocalistas que logran transmitir un sin fin de emociones, de esas que no necesariemente surgen por la letra de una canción. Todo bien loco.

Estaba pensando que después de que terminara Elect the Dead, seguiría con Toxicity, sólo para recordar viejos tiempos. Pero en vez de transportarme a mi pubertad, llegué a la conclusión de que en todos estos años, jamás he dedicado una canción a alguien.

Puedo llegar a ser bastante cursi y atenta. En una ocasión, cuándo iba a la Universidad, tenía una relación, de esas en las que no haces otra cosa más que derramar miel y crearle diabetes a los presentes. No sé si estaba enamorada, actualmente creo que era más una ilusión que otra cosa, el caso es que yo en mi sopor amoroso, me la pasaba escribiéndole poemas sin atender mis clases de Economía. Fueron momentos que aún ahora, recuerdo con una ligera sonrisa.

Regresando al tema, muy a pesar de que yo era la cúspide de la cursilería, jamás dije: Te dedico esta canción en nombre de nuestro amor. Hasta suena ridículo mientras lo escribo. En cambio, existen muchas canciones que me remontan a aquellos años: Creep de Radiohead, Paradise City de Guns N' Roses, Woman de John Lennon, One Last Goodbye de Anathema y The River Flows Frozen de Eternal Tears of Sorrow, por mencionar algunas. Canciones que si tuvieran dedicatoria, no las disfrutaría con el mismo gusto con que ahora, casi cinco años después, escucho mientras se dibuja esa ligera sonrisa. Son canciones que forman el soundtrack de ese 2006.

La mejor manera de recordar, es por medio de la música y en el último de los casos, dejarlo por escrito. La música, siempre lo he dicho, es parte fundamental de mi vida y como tal, es la caja de mis recuerdos. Ha sido mi acompañante en las noches de insomnio, en mis peores días y la que me ayuda a no desmayarme cuándo el agua de la regadera esta casi congelada.

Nunca me ha nacido dedicarle una canción a alguien, no importa lo mucho que pueda querer a esa persona. Quiero más a la música.
Estando consiente de la mala suerte que tengo en cuanto a los líos amorosos, lo mejor es recordar con una canción que te acompañaba aquellos días en tu iPod o móvil y no por decir: Escucha, te dedico esta canción. Además que tal que no entiende el inglés, ash.

Hace un par de años, justo cuándo mi gusto por la música estaba en su máxima expresión, todo se vino abajo dejando a su paso un panorama devastador. Intenté llenar ese vacío con no se que cosas, pero nunca resultó. En mi "recuperación" (si así le puedo decir), ésta fue mi receta a surtir en iTunes Store: It's No Good y Somebody de Depeche Mode; Frozen, What have you done?, All I Need y The Cross de Within Temptation; Betrayer de Kreator; Stricken de Disturbed, Patience de Guns N' Roses, Las ratas no tienen alas de Jaguares, Angel de Judas Priest y Enraizado de Agora, que son las que recuerdo. A la fecha, no puedo escuchar las de Within Temptation sin sentir un horrible nudo en la garganta y un tremendo gusto a la vez, pues fueron las que de alguna manera, me vaciaron todas esas malas emociones. También está la cuestión de que al escucharlas siento una especie de autotortura. Ese es mi soundtrack del 2008, digo "mi" porque nada más yo la pasé mal.

En resumen, la música es como la cerveza: Causa (Sí, la mala música causa problemas auditivos) y soluciona todos los problemas de la vida (gracias Homero). Y mientras exista y no pierda mi oído, mi soundtrack seguirá llenándose de canciones, recuerdos y lo que venga.





Para la creación de este post, sonó:
Audio Secrecy de Stone Sour y Khaos Legions de Arch Enemy.

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