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Diarios escatológicos.

Estoy hecha mierda, no sólo por el alcohol y los desvelos. No se trata de algo físico. Estoy hecha mierda emocionalmente, incluso podría hablar con el Dalai Lama y no sentir una pizca de paz o alivio. No sólo estoy hecha mierda, sino que tengo (como dice en la novela de Richard Cox "El experimento Nobel”) niveles épicos de estupidez. Si quisiera describirme ante el mundo, utilizaría esas palabras sin temor a ser demandada por derechos de autor.

Me asquea, de una forma casi inhumana, ver lo patético que puede llegar a ser una persona con líos emocionales tan comunes, tan inmaduros y en cierto modo, estúpidos. Pendejadas, pues. Sin embargo, aunque el daño sea mínimo se convierte en un tumor sin diagnóstico, no sabes hasta que punto vas a poder vivir con él. Es cómo cuándo guardas una fotografía que ya no puedes ver sin sentir “algo”. Sabes que existe, sabes que aunque está en el fondo del último cajón del buró, sigue provocándote lo mismo. Sabes que no importa que físicamente te deshagas de ella, la imagen está y no irá a ningún lado.

Hay un millón de formas para ejemplificar esto, en mí y en otras miles de personas. Hay un millón de formas de encontrar el resultado a la ecuación y aún así, nos parece complicado. Terriblemente complicado. Más complicado que entender la forma en que trabaja un acelerador de partículas.
Estoy hecha mierda, estoy cansada, estoy en un punto en el que me pregunto todos los días al despertar ¿De verdad tiene sentido? Y sin embargo, parece que a esa ola de sensaciones le gusta salir en mis momentos más vulnerables. El día festivo de mis demonios.

Soy cómo un automóvil parado a mitad de la carretera, en un cruce de caminos y con las intermitentes encendidas. Sin encontrar el punto exacto de su ubicación en el mapa. Sin nadie a su alcance a quién poder preguntar. Sin encontrar ese anhelado punto de referencia.

Me llevará tiempo abandonar mi estado escatológico actual, más aún estando conciente de los alcances que tiene, alcances que yo misma he permitido y que desde un principio, no estuvieron bien. Una felación para mi realidad. Me llevará tiempo detener la mancha voraz que surgió desde hace mucho, que se cree incontrolable. Me llevará muchísimo tiempo, me puede esperar en el sofá leyendo el periódico. Sin entrar en desesperación. Sabe que llegaré.

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