diciembre 01, 2010

Él.

No sé cómo es la muerte, nunca la he tenido cerca. Una vez, murió alguién y yo era muy joven para entenderlo. No sé que decir cuándo alguién muere, me resulta hipócrita decirle 'lo siento', pero sería descortez quedarme callada. No lo había pensado hasta ahora, hasta que él está muy enfermo.
Todos hemos tenido un contador de historias, él tiene la habilidad de recordar cada detalle, cada paso que dió, cada nombre y cada rostro. Él habría sido un gran escritor, si la vida le hubiera dado la oportunidad.
Él me enseñó el primer acorde de guitarra, él lo inventó me dijo. También pudo ser un gran compositor. Él, él estaba enamorado de Sofia Loren. Él puede decifrar cualquier acertijo. Armar cualquier rompecabezas. Él puede, si se lo propone, reparar un cohete. Fácilmente, él podría construir una máquina del tiempo.
Él siempre se vió cobijado por las estrellas y me invitaba a verlas en las noches de verano, en el techo de la casa. Cuando nací, él no sabía pronunciar mi nombre. Ahora lo ha dicho más veces, de las que se pueden contar. A él le gusta cantar, también habría sido un gran cantante. Un romántico de los que llegan al balcón con una rosa en la mano. Él me enseñó a jugar a las cartas y en dominó, es invencible. Me contaron que él, también fué experto en billar.
Él siempre tiene la razón, sabe que la tiene. Él es un dragón, que siempre ha protegido su castillo y a las doncellas que lo habitan. Una vez lo ví llorar, la primera vez en casi 20 años. Él me enseñó muchas cosas, esas cosas que ahora están aquí, por que no me atrevo a enseñarselo, por que no hace falta. Por que él es un sabio, un adivino, él es tantas cosas. Él es cómo mi Padre, él es mi Padre...

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