noviembre 25, 2009

Breve recapitulación.

Si el blog tuviera sentimientos, seguramente los suyos hacia mi serían del más profundo odio por dejarlo a su suerte cada que se me antoja. Ya se va a terminar noviembre y no me supo a nada, es más sigo creyendo que el 20 de Noviembre fué el lunes que nadie trabajo y no el viernes, que si fué de neta.

Me supo menos por los quince días de peste negra qué viví y por la caja de cigarros qué mas me ha durado en la historia de mi vicio del mal y no, no tiene nada que ver pero quería contarles.
Había andado perdida sí, hasta una amiga me lo dijo el sábado en la noche pero no ha sido esa mi intención, más bien es que no fluye, no hay de dónde agarrar y la realidad, es que pudo más mi mal estado.

Eso de hacerle al Mickey y/o se me quita o me da más, no me funcionó ésta vez y el resultado fué un cocktel de la más amplia gama de medicamentos en todas sus presentaciones, que juntos hacían de mi visión algo más abstracto y colorido, cómo si de ácidos ilegales se tratara y miren qué yo no sé mucho de eso, pero supongo que el efecto es parecido.

Aunque éste mal no ha abandonado mi cuerpo del todo y quizá vea la posibilidad de realizarme un exorscismo, ya me siento con el poder necesario de reconquistar al mundo cada fin de semana y alcanzar mi meta en la vida: Ser dictadora. Qué ya es bastante deseado por la mitad de la población mundial y qué, lejos de ser el mejor puesto de la vida, la neta ha de ser una hueva querer manejar a millones de personas... Así que mejor no, acuerdenme de proponerme otra cosa, ésto ya no me está latiendo tanto.

Lo qué si me late bastante es el hecho de retomar la escuela en febrero próximo y qué gracias a ese hecho casi sin importancia se me cumpla el sueño que se vió frustrado hace unos meses: Ver a Metallica, de cerca. Quizá mi gusto por esos tipos no sea tan obvio cómo el qué tengo por la doncella o por Deftones, pero ustedes no están para saberlo ni yo para contarlo pero, Metallica es la única agrupación qué pudo de alguna forma marcar casi por completo mi vida y no, ésta vez no voy a entrar en sentimentalismos por que ya ví que hay quienes se adjudican las cosas y ahorita no estoy para eso, gracias.

Estos días de estar en un estado casi vegetal me sirvieron de mucho para entender un libro -qué llevo a la mitad- qué en un principio no sabía ni que pedo y mucho menos la relación que había entre el montón de personajes, hasta parecía que había promoción a mayoreo cuándo al autor se le ocurrió. Pero como yo no tengo la calidad literaria para hacerles una breve reseña de lo que habla el cabrón texto mejor no le muevo, no vaya a ser que la cague al querer verme intelectual y termine viendome como lo que soy, una pendejilla con dotes de grandeza. No, no es menosprecio pero es una descripción más acertada que la qué tengo en la parte superior derecha de éste, su humilde y para nada educativo blog qué ahora cuenta con un nuevo y bonito header.

Ayer estaba pensando y haciendo cuentas sobre la edad de mis niños (y no, no son de los que lloran y hacen popó), mientras fumaba con Jonás a expensas de que un pajaro arruinara mi bella sudadera y me dí cuenta de todas las pendejadas que uno es capaz de hacer en tiempo record, mi bebé el más joven de todos cumple un año en diciembre próximo, supongo que para fechas de la posada metal maniacs dónde dicen que me caí en la carretera, dicen; yo nisiquiera me acuerdo lo cual puede ser tan cierto como falso y si así fuera, no puedo regresar el tiempo para evitar ese vergonzoso momento o burlarme de mí misma en su defecto. Lo qué si es cierto es qué hasta ahora no cambiaría nada de mi pasado, sólo evitaría ciertas situaciones que pusieron mi vida de cabeza y otras tantas que llegué a pensar que la habían arruinado, cuándo la verdad es que ya estaba así desde un principio.

Las historias casi siempre son tan parecidas, lo que a uno le está pasando, otro güey lo vivío más cabrón y uno se pone de pendejito a creer que el mundo se va a acabar cómo si de la película 2012 se tratara y lo peor es que uno mismo se da a la tarea de hundirse más y más hasta que ya ni Jesucristo y todo su ejercito celestial junto es capaz de sacarte. Ya ví que ni haciéndo todo el berrinche del mundo éste se iba a detener, cuándo volví a la realidad seguía tan acelerado como siempre y la verdad es que prefiero eso a todas las caras de mis amigos acosandome con preguntas idiotas, que jamás contestaría por educación y respeto a ellos y a sus madres, ja.

Y es aquí cuándo supongo que ustedes se han de preguntar: ¿y ésto que, de qué sirve? y con el debido respeto que se merecen como mis lectores, les puedo decir con el orgullo del mundo que definitivamente no, no sirve de nada, sólo quería inmortalizarlo en un texto que pudiera quitar un poco el polvo y las telarañas que se le han estado formando a mi blog en las últimas qué... ¿3 semanas? por qué la neta, verlo ahí solo y a la deriva me parte el corazón de una manera qué ni el más sensible de los humanos es capaz de imaginar ó más bien, sólo tenía ganas de escribir pendejaditas.

noviembre 01, 2009

Nada más me acuerdo.

Me gusta Noviembre y el pan de muerto, las calaveritas no del todo por qué es demasiada azúcar y lo último que quiero es caer en un coma diabetico, no gracias. Lo qué no me gusta mucho es ir al panteón por que luego me entra la "compradora compulsiva" (qué todas llevamos dentro), sobre todo cuándo de cañas de azúcar se refiere (en serio qué no me quiero morir) y algunas chucherías que nada más en mi pueblo y en ese panteón en específico venden y no les diré que es por que todo copian hijos de su pinche madre.

Tanto es mi gusto por ésta celebración que uno de mis próximos tatuajes se tratará de una calaverita de azúcar, no creo que la tinta me indusca al coma diabetico, ¿verdad?.
Me gustan también los altares, cuándo era niña mi mamá y yo hicimos uno para mi tío Jorge, mi bisabuela Victoria y mi bisabuelo "Don Boni", estaba chiquito hecho con las cajas de mis juguetes y aunque no tenía todo el cotorreo que lleva un altar bien hecho, estaba bonito.

Fué el primero y el único que hicimos, creo que mi mamá y yo no nacimos para seguir patrones; tal vez sea esa la razón por la que no me explico que éste cabrón blog siga con vida. Pero eso no tiene nada qué ver.
En noviembre también, mi mamá -a cambio de papel moneda- me pide amablemente que baje las cajas verdi-roji-blancas que estan en la cocina y haga uso de mi talento decorativo (y sin ánimo de lucro) para que Satán Clos venga un mes después a dejarme... Nada.

Pero luego descubrí que en Noviembre también, pasó algo qué me cambió de manera extraña. Aunque realmente al principio no tenía ni idea de por qué MI noviembre tenía un día menos.
Una vez en una de esas reuniones de cervezas ocasionales en la casa de Rolando, me platicó de lo que había hecho después de que se vió frustrada su asistencia (y la mía) al concierto de Iron Maiden en el 2008. Su febrero tenía un día menos: el día 22 fué borrado del calendario. Así cómo mi 29 de noviembre.

Noviembre no me importaría sino fuera por el pan y las cañas de azúcar, pero éste también fué el mes del debút de mi disuelta banda, qué me dejó un muy buen sabor de boca aunque para los oídos del público haya sido una pesadilla auditiva de la que hubieran querido despertar lo más rápido posible.
Me enfoqué tanto en olvidar ese día, que recuerdo paso por paso todas y cada una de las cosas que hice desde qué me levanté, hasta qué me dormí después de cenar hamburgesas de la Matamoros, bleh.

En Noviembre tuve el presentimiento de que todo saldría mal en el toquín, fué peor. En terrenos musicales a Joy le falla la guitarra y deja de tocar, por culpa de una tipa se retrasó nuestra presentación y nada más nos dejaron tocar 3 rolas cuándo los demás tocaron como 1000, entre otras cosas que recordaría con más detalle si no le hubiera entrado duro y túpido al alcohol barato.

En Noviembre fué la primera vez que tomé alcohol "para olvidar" pero creo que no funcionó del todo, por que aunque no lloro, nada más me acuerdo. El Isis me había dado los momentos más gratos de mi existencia y fué en Noviembre cuándo arruinó nuestra relación, pero Isis no tiene la culpa realmente. Nadie la tiene, si acaso tal vez yo por negar la realidad o más bien callarla.

Noviembre me dejó muchas cosas buenas y malas, qué mas bien fueron más malas que buenas quién sabe, pero de entre esas -pocas- cosas buenas está la razón de éste post, callarse las cosas no trae nada bueno, al contrario se arma un pinche desmadre bien idiota. Ayer fué el último día de Octubre y cómo entremés a lo malo/bueno de éste Noviembre, un inesperado encuentro me recordó por qué en mi calendario no estaba el número 29.





- Hola ¬¬

Clavos de olor.