marzo 20, 2009

Mi amor platónico es un cajero de Bancomer.

Yo odiaba ir al banco, lo odiaba con toda mi alma. Un día mi mamá me mandó a depositar dinero que bien podía servir para comprarme un carro y un litro de michelada del mazacuata, pero mi madre prefirió que se quedara ahí, guardadito y no ser malgastado por mi, snif snif.

Mientras iba caminando (Por que yo voy caminando al banco...), pensaba en que debería contratar a alguién que hiciera mis deberes y asi yo disfrutar de la vida, pero luego no tendría con que pagarle asi que mejor me hice a la idea de que mis sueños jamás se harían realidad, llegué al banco y lo que menos quería, se presentó: Una fila enorme que se extendía desde las cajas hasta los cubículos de los ejecutivos de cuenta y esas mamadas bancarias.
Ví la fecha en mi celular y pensé: Bonito día para venir a depositar dinero, era quincena. Pero ya estaba ahí, ni modo de regresarme que hueva. Así que espere y espere hasta llegar a los pasillitos que se forman con las cintas de tela y que por cierto nunca falta el fulano que esta quitandolas y poniendolas hasta que ésta se le suelta y todos lo ven con cara de: Pinche imbécil deja eso ¬¬.

Cuando llegué a esa área de las cintas ya todo se me haría mas rápido según yo, pero nada más dejaban pasar rápido a los que tenían cuenta empresarial o preferente y por supuesto yo no tenía ninguna de esas dos, yo soy gente humilde.
Mientras esperaba mi turno empezé a inspeccionar el área y a preguntarme como le haría un asaltante para robar todo el dinero del banco sin que nadie se diera cuenta y mientras veía las camaras que vigilan a los cajeros, él robó mi atención.

Ahí estaba, ganándose la vida como cajero de un banco, con su camisa perfectamente planchada por su mamá, la corbata muy bien anudada inclusó pense en la posibilidad de que éste estuviera casado, su cabello exageradamente lleno de gel y con un peinado no muy bueno pero a él se le veía genial, tenía cara de mamón, de esos que ves en la calle y ya los odias. Me flechó, ya no podía quitarle la mirada de encima y hasta me tardé en reaccionar cuando mi turno había llegado... Y SÍ ÉL ME ATENDIÓ ♥.
A partir de ahí, ir al banco me provoca el más grande placer jamás experimentado, quizá algún día le pida su telefono y lo invite a salir, por que yo soy una mujer moderna.

2 comentarios:

  1. ¡Uf! Me ha pasado. Una vez coqueteé con uno de HSBC, era la hora del cierre y no había ningú otro cliente, así que platicamos un rato. Era tan guapo él.

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  2. Hahaha, por un momento pense que con un cajero automatico, por raro que paresca a mi tambien me a pasao, (obiamente con una cajera) tu diras que tiene de especial, si todos los hombres somos unos calenturientos en busca de chava, bueno, que la cajera era una honrada seño como de 45 a 50 años, haha, buen post.

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Aclaración y quejas.