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Bueno o malo que más da.

Hace rato que venía en el transporte público escuchando música y pensando en la inmortalidad del cangrejo, la luz roja del semáforo, el olor a tacos de barbacoa de dudosa procedencia y el desmadre que tenían las edecanes del oxxo me saco de mis preciados pensamientos para empezar a maldecir y odiar a la humanidad como cada día.

Despues de saltar todo ese tuburio (Esperen... ¿es tuburio o tugurio?, bueno no importa) regresé a mis importantes y enígmaticos placeres mentales, que no sé ustedes pero yo mientras uso el transporte publico y pongo músiquita mientras veo por la ventana, me gusta ir fantaseando con infinidad de cosas. En uno de esos viajes a mí mente llego una pregunta, que si bien no tiene nada que ver con el orígen de la vida, la respuesta es muy compleja y quizá solo pocos mortales tienen la respuesta y cuando pienso en ello solo dos personajes vienen a mi mente: El Dalai Lama y Homero J. Simpson.

Me he dado cuenta en mis muchos años de vida que los índices de sufrimiento emocional afectan al 94.6% de la población mundial, de éste porcentaje se desprenden dos partes, la gente buena onda y la gente mala onda. Según los investigadores de la UAAAN los más propensos a formar parte de ésta estadística, son las personas buena onda. Ésta especie de seres humanos son a los que más le toca sufrir y no sé sabe el por qué, quizá sea cuestión genetica o simple estupidez.

Existen casos de personas que comienzan una relación con la persona deseada, los primeros 3 ó 4 meses (4 meses se me hace una exageración) la felicidad inhunda sus venas, transportando globulos alegres, que a la larga estos mutan creando una especie de virus que da como resultado el sufrimiento emocional de la persona. La gente buena onda, esa gente entregada a su relación, comprensiva, solidaria, amorosa e incluso fiel nunca de los nuncas jamás en la vida por los siglos de los siglos santos amén, va a ser feliz... ¡JAMÁS!.

Por que siempre existirá el lado oscuro, el demonio mismo, el cretino (a) todos los antivalores fusionados en una persona que tiene más grande su pene o sus senos, que su cerebro. Es como la ley de la vida, no es como en las caricaturas o películas en dónde el malo siempre pierde, en la vida real es todo lo contrario, si no fijense nomás todas las riquezas que tienen los narcos. No mamen. Por eso no creo en el Karma eso es una gran patada en las bolas al igual que la frase esa que dice "al que obra bien, bien le va" mejor debería ser "Obra bien y serás un pendejo".

Es un hecho que la gente buena siempre será pendeja y la gente mala, sigue siendo igual de pendeja pero con un chingo de cosas chidas, que la gente buena nunca tendrá, a menos de que Jesucristo baje a la tierra a curar a los ciegos y a darme un Mustang.

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