Ir al contenido principal

Se supone que ya no importa.

Me duelen todos y cada uno de los rincones de mi cuerpo, incluso me duelen las uñas, el cabello y las pestañas. Son maremotos de dolor físico que se estrellan con gran violencia en las costas de mi interior, estremeciendo una por una cada parte de mi ser. Claro, no se compara con el dolor emocional que los últimos días he tenido y que me tiene de cabeza, pero eso se supone que ya no debe ser importante por 389,957.32 razones que existen, que tú puedes darme y que yo, dudo que pueda creer. Por que se supone que ya no importa.

Hasta ahora no he roto la promesa que me hice a mi misma hace exactamente 3 meses y 18 días, tampoco pienso romperla por que sería quedar como una perfecta imbécil y eso no puede ser así, pero al parecer no quitas el dedo del renglón y quisiera saber para que lo haces, por que se supone que ya no importa.

Siento algo demasiado extraño al darme cuenta que ni haciendo lo que más me gusta, puedo estar en paz, mi único refugio por así decirlo ha sido destruido por completo y no tengo idea de como empezar a reconstruirlo, además de que no tiene caso, si a final de cuentas haras lo mismo cada vez que puedas y quisiera entenderte por que se supone que ya no importa.

¿De que se trata tu maldito juego?

Sólo te pedí una cosa, una mínima cosa y ¿de que me sirvió?. Cagadísimo.

Comentarios

  1. si haces recursion las cosas se pueden volver caoticas o entrar en resonancia lo cual, de nuevo, desencadena el caos.

    Aun asi, es mas divertido hacer recursion y mantener resonando la nota de la lira contra el ampli, que hacer un rasgueo tenue prontamente devorado por el silencio.

    Olvidalo, ignoralo, forzate a no resonarlo y veras que se exinguira aun cuando sigas sintiendo.

    ResponderEliminar
  2. Pues ojalá que eso pase pronto o terminare volviendome loca o en un convento haciendo rompopito con las monjas.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Aclaración y quejas.

Entradas populares de este blog

Una mañana

Todo fue tan raro. Cuando desperté la cama estaba vacía, había recuerdos por toda la habitación. Las cortinas serpenteaban con las ligeras ráfagas de viento que entraban por mi ventana. Escuchaba claramente el paso de los vehículos, el sonido del ventilador, la radio que solo sintoniza una estación sin ponerse loca. Tenía los ojos rojos de tanto llorar, no recordaba en que momento me había quedado dormida. La espalda me ardía, el corazón latía con fuerza, como si se fuera a salir de su lugar, la alarma de mi teléfono celular comenzó a sonar, faltaban cinco minutos para las seis de la mañana. Era lunes. Me levanté como pude y me acerqué a la cafetera a servirme una taza, no había nada, lo olvidé anoche. Saqué la bolsa de la alacena y puse a funcionar la máquina. Caminé descalza por toda la casa, sintiendo el frío del suelo, caminaba de un lado a otro sin saber donde detenerme ¿detenerme para qué? Nunca lo supe. Entré en la regadera y abrí la llave del agua fría, me caló todos los hues…

Pequeña libreta roja.

Algún día voy a escribir nuestra historia, para que sepan que la vida es lo mejor que nos puede pasar. 28 de agosto de 2015.
Le escribí aquello hace un par de años en una libreta roja, que ahora tengo de vuelta, le escribí porque estaba por salir de viaje a Orlando, era la primera vez que viajaba completamente sola y estaba aterrada, le habían contado un montón de cosas acerca del aeropuerto de Dallas y de cómo tenía que moverse a la velocidad de los chitas antes de que los montones de orientales, desembocaran en ese lugar cómo un cardumen de atún. Aquella libreta me la regaló una de mis mejores amigas en una ida a un café que con el tiempo dejó de existir, siempre me ha gustado que me regalen libretas, aunque casi siempre termino por abandonarlas un tiempo. Me pareció una idea escribirle algo y que se lo llevara, la libreta es pequeña, no le iba ocupar mucho espacio. Siempre he sido pésima para elegir obsequios, pero me pareció la mejor idea del mundo que la llevara. Me gustaba la idea…

Mañana.

Hoy es el último día que te escribo. Hoy me despido de ti. Hoy dejo de ser la mujer que más te ama para convertirme en la que más te amó. Te escribí esto en el cuaderno que me regalaste y que por años ha guardado todo eso que siento por ti. Lo he escrito ahí para que cuando tenga ganas de buscarte, pueda abrirlo en la página correcta y detenerme antes de cometer una locura.
Te escribo porque es la única forma que tengo para no romperme, porque ganas de llamarte no me han faltado y caigo en cuenta de que si llegaras a contestar, no sé qué te diría. No sabría de que hablar. No sabría que hacer. Ya sabes que para mí siempre ha sido mejor escribir.
Ése cuaderno no sólo guarda algunas formas de lo que ha sido mi amor por ti, también guarda la última rosa que me regalaste y que con el paso de los meses se ha ido secando. Así como se fue secando tu amor por mí.
Te escribo como nunca me sentí capaz de hacerlo: Con tristeza, enojo, con ganas de llorar. Pero me aguanto porque ya no queda de ot…