enero 30, 2009

No se vivir sin tí.

Me gusta caminar, mientras escucho alguna rola genial en mi mp3 y de vez en cuando, fumar un poco (o tal vez mucho) y ver la gente pasar, me gusta imaginar las preocupaciones que los estresan pero que de alguna manera saben disimular muy bien y si me hiciera amigo de alguno de ellos, preguntarle como le hacen.

Los cigarrillos mentolados o los "light" no me gustan, son como el café descafeinado, un desperdicio para el mundo, pero a veces la gente no lo entiende.
Siempre que salgo de mi casa trato de revisar las cosas que llevaré conmigo para substitir en la jungla de asfalto y no pasar por problemas de escaces de víveres callejeros.
A mi me gusta fumar, verdaderamente me gusta, no es únicamente mi vicio. De las mejores cosas que he vivido en los últimos años, han sido mientras fumo.
En casa no me gusta, quizá por que por más irónico que paresca, detesto el olor a cigarro impregnado en las paredes, cortinas y cualquier cosa de mi casa, verdaderamente lo odio. Pero cuando voy manejando, caminando o simplemente haciendóme güey en algún punto de la ciudad, lo disfruto como si fuera el último cigarro para la humanidad.

Soy la típica persona que viaja con una mochila en su espalda aunque ésta en alguno de los casos, no contenga absolutamente nada, siempre reviso traer consigo mi encendedor, puedo olvidar cualquier cosa, incluso las llaves de la casa, pero nunca de los nuncas olvidar mi encendedor, los cerillos me cagan diarreicamente, cuando no salgo con mi mochila, procuro usar pantalones con bolsas frontales de verdad, por que no se quién fue el infeliz que decidió poner bolsas falsas en los pantalones para dama. Y en ellas distriubir mi dinero, encendedor, cigarrillos y celular, nada más.
Sin mi encendedor no soy nada, mi encendedor es como para muchas mujeres enfermas de vanidad, su espejo.

Al no traer mi encendedor no estoy tranquila pensando en que las cosas serían más fáciles y no compro uno desechable por que mi encendedor es especial, solo a una persona le compro encendedores desechables por que me los da mas barato de lo que en verdad son, amo a esa señora y se que me ama, de lo contrario no me haría descuentos.
Podría vivir sin cualquier cosa, incluso sin el amor de mi vida pero nunca sin mi encendedor, lo amo tanto que de ser posible podría casarme con el.

Quizá llegara el momento en que deje de fumar (espero que tarde mucho) pero aunque yo no fume, no saldre jamás de casa sin mi bebé a menos de que se me pierda o alguna alma vulgar me lo robe por que me odia. Nada más.

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