enero 28, 2009

A muchos años de distancia.

Despues de haberme graduado con honores de Berklee, me pidieron que fuera a dar algunas conferencias sobre técnicas de música, todo lo que había aprendido en 5 años de duro estudio ahora estaba dando frutos. Primero partí a Escocia, donde estuve un par de meses dando clases para los niños de una escuela pública. Luego visité España, Inglaterra, Italia, Francia, grandes ciudades primer mundistas a las cuales nunca pensé que llegaría.
Era parte de un sueño del que deseaba no despertar jamás, decidí establecerme en un sólo lugar y además de seguir estudiando, dar clases para los jovenes que verdaderamente querían hacer una carrera en este arte tan hermoso.
Tengo ya 8 años viviendo en Estocolmo, aprendí el idioma, las costumbres y todo lo necesario para sobrevivir en un país completamente diferente al mío. A veces extraño lo que dejé en México, pero no me arrepiento de haber emprendido el vuelo.

A veces la soledad es demasiado abrumante, lo cual no significa que aquí no cuente con amigos, al contrario, las personas que viven en mi edificio se han portado amables desde que llegué incluso puedo nombrar a algunos de ellos como verdaderos amigos. En mi edificio viven 2 holandeses, hermanos supongo, ambos estudian en el Instituto Karolinska al parecer serán excelentes médicos. También vive una venezolana de nombre Maya, una de las inquilinas más viejas del edificio, es abogada, ella me ayudó los primeros meses de mi estancia en la ciudad, que fueron los más difíciles de mi vida, vamos nisiquiera podía pedir unos cigarrillos en el supermercado.
A los 5 meses de haberme establecido en Estocolmo, ingresé a la Academia Sueca, para aprender el idioma y dejar de pasar vergüenzas por mi mala lingüistica y aunque bastante gente hablaba inglés, no podía pasarme toda la vida con ese idioma, así que decidí aprender.
Cuando ya dominaba completamente el idioma me sentía como pez en el agua, así que decidí conseguir un trabajo y quedarme aquí un tiempo considerable fué así como llegué a la Kungliga Tekniska Högskolan (Universidad tecnológica Real) ingresando la escuela de Ciencias de la computación y comunicación, donde se encontraba en pequeña porción por asi decirlo, una facultad de música.

Quizá no ganaba millones de Euros dando clases, pero vivía bien, no me faltaba nada. Había decidio comprar un auto, pero ví más factible caminar por los barrios de la ciudad y detenerme cuando quisiera para ver, oler, sentir mi nuevo mundo además de conocer el transporte público. Sería una experiencia completamente grata, el auto podía esperar.

Me aventuré y todo parecía tan increíble, desde la más pequeña piedra, hasta la enorme montaña. Todo era excepcional, quizá mas fantástico a como lo había soñado, verdaderamente me encontraba ahí, lejos de casa pero había alcanzado mi sueño. El frío no importaba, nada importaba, me dediqué a caminar mientras bebía un café y pensaba en que sólo una cosa podría hacer de este cuadro algo perfecto, sabía que era pero no quería aceptarlo. A pesar de los años que habían pasado, de los diferentes caminos en los que existíamos ya nada podía unirnos nuevamente, pero yo no te olvidaba. ¿Me habrá olvidado? siempre me lo preguntaba, con el mismo entusiasmo que un día te salude, la primera vez.

No se si fué mi imaginación, pero te ví cruzar una de las calles de Estocolmo, no lo podía creer y tenía que asegurarme, te seguí. Al parecer tenías un poco de prisa, por que ibas casi corriendo, te detuviste afuera de un bar como decidiendo si entrar o congelarte en la calle.
Al parecer el frio no era lo tuyo, deseaba con toda mi alma que entraras, así yo podía asegurarme que se trataba de tí y no de alucinaciones mías. Te sentaste en la barra, justamente al final y yo hice lo mismo, para tenerte de frente y poder descubrir tus facciones.

Te envié una cerveza, recordando que cuando eramos más jovenes era lo único que bebías, ademas de que en mi cabeza se quedó grabado un "No me gusta el Whiskey". Le pedí al barman que le dijera que era cortesía de la casa para no levantar sospecha alguna y disimuladamente le pedí que te preguntara tu nombre, al parecer no entendías el sueco, pero para mi buena suerte el barman hablaba inglés, así que no hubo problemas para conseguir tu nombre. ¿Acaso había cambiado yo tanto como para que no fueras capaz de reconocerme? no, más bien te habias olvidado completamente de mí.

No pensé que despues de tantos años y a miles de kilómetros de distancia, tu y yo nos hayamos encontrado. Me acerqué, con mucho temor y te pregunté como estabas. Al parecer tu humor no estaba nada bien, me dijiste que te dejara en paz, que como ibas a hablar con alguién que no conocías. Te dije que me conocías demasiado bien, que no era la primera vez que nos veíamos, que tiempo atrás tu me habías ayudado mucho. Me miró profundamente, tratando de encotrar el recuerdo en lo profundo de mis ojos y susurró mi nombre. Moví la cabeza en señal de afirmación y dejé salir una ligera sonrisa, tenía ganas de llorar de la emocion, por volver a verte. No has cambiado en nada, sigues igual a como te recordaba, te dije.

Salimos del bar, le invité un café para platicar y ponernos al tanto de todo lo que había pasado en los últimos años, mientras caminabamos sacó un cigarrillo, y yo se lo encendí, de la misma forma en que lo hacia cuando tiempo atrás eramos felices o mejor dicho, cuando yo era feliz.
Le pregunté que qué le había traído a Estocolmo, me dijo que quería ir a un lugar donde no conociera a nadie y poder sentirse un poco libre, al parecer el trabajo le estaba llenando de mucho estress. Supongo que arruine tu plan, comenté. Ya que lo que quería era un lugar donde no conociera a nadie, sin embargo en Estocolmo vivía yo. Lo último que supe de tí es que estabas viviendo en Boston, le preguntaba a tus amigos que había sido de tí, te mandaba mails pero no obtenía respuesta alguna, era como si te empeñaras en que yo no supiera nada de tu existencia, me dijo.

En efecto así era ya no quería que supiera nada de mí, pero resultó peor, cada instante de mi vida se lo dedique a alimentar su recuerdo. Despues de la amena platica le pregunté en donde se estaba hospedando, pero supongo que aun no lo sabía, ya que cargaba con una pequeña maleta. Le ofrecí quedarse en mi departamento, era amplio y no siempre tenía visitas tan agradables además de que un café no sería suficiente para platicar de años y años en que no supimos nada uno del otro.

Acaso estoy soñando?....

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