noviembre 20, 2008

Cambiando la escala de grises.

Una vez mi mamá me dijo tal cual: No sé que será de mí cuando éste vieja, siento que tu nunca te ocuparás de mí.

No tiene fé en mí ni en nada de lo que hago, lo cual no me afecta, no soy como mucha gente que se agarra de cosas así para volverse darketo o cholo.
Aunque siempre dice que soy lo mejor que le ha pasado en la vida y a veces le creo, pero sinceramente creo que solo lo dice para hacerme sentir menos miserable snif.

Pero las cosas no eran así antes, yo era una hija modelo, cualquier familia mataría por adoptar a alguién como yo (en aquel tiempo, ahora serían capaces de entregar una fortuna por tal de no cuidarme...) era el "futuro" de la familia, yo aun no podía hablar bien y ya quería ir a la escuela, era como Matilda pero sin padres desobligados.

Pero también era caprichosa y caprichosa y caprichosa, el hecho de ser hija única te da cierto poder en la familia y obtienes lo que quieres por que así debe de ser, segun Dios. Por lo menos así fué hasta que llego abril de 1991, el único hombre y por lo tanto el consentido de la familia de mi mamá tuvo un bebé, y fué varón, el sueño de mi abuela se vió cumplido en él. Toda la atención se fué hacia mi primo y a pesar de tener 4 años, sentí que quería acabar con su vida, hoy en día lo amo. Yo ya no tenía poder alguno, el nuevo bebé era quién mandaba y yo sólo podía gozar un poco de atencion cuando hacia mis berrinches.

Los años pasaron y como la naturaleza es todopoderosa, él también perdió su autoridad, con la llegada de mas miembros a la familia que no fueron tan relevantes, hasta que llego el último, que hasta ahora sigue con su reinado.

Siempre me ha gustado el arte y la historia, si no hubiera estudiado -aún no termino de estudiar- la carrera que elegí, seguramente hubiera sido historiadora, aunque aún estoy a tiempo, desde que me acuerdo, me ha gustado dibujar, en cualquier lado lo hacia y con cualquier cosa, hasta con los pedazos de ladrillo, quedaban muy fashion los trazos.
Mi mamá se dió cuenta de que me gustaba y que no lo hacia tan mal y fué así como mi contacto con el arte empezó y con el mi complejo de Picasso -Así lo llamaba yo-. Mi profesor de dibujo era buena onda, pero siempre siempre simpre quería que dibujaramos objetos y los objetos son aburridos, así que como toda persona con creatividad hacia lo que se le daba la gana, visualizaba el objeto y lo deformaba hasta que pareciera cualquier cosa menos el molcajete con guacamole que había pedido el profesor.

Al principio le gustaba lo que hacía pero luego se aburrió y dejamos los objetos y los colores prismacolor a un lado, era como pasar a la etapa cumbre del dibujo, para comenzar con lo mero bueno, las pinturas al óleo, los paisajes "con un arbolito aquí y otro allá", empezaba la diversión.

Mi primer pintura fué hace 10 años, era la mismisima torre Eiffel pero a mi estilo. Mi mamá estaba orgullosa su hija, su única hija quién se estaba convirtiendo en una artista a temprana edad. Hasta que todo cambió deje el dibujo, lo cambié por la música, deje las buenas calificaciones para tener amigos, deje todo lo que pudo haberme dado un futuro, por el mérol por la música.
Mi mamá siempre soñó en que sería doctora y a su vez yo me creí su sueño, pero no, al último momento decidí irme por los números.

Hace un par de años retomé el dibujo y deicidí que lo mejor que puedo hacer para que mi mamá me vuelva a querer es volverme tatuadora e inmortalizar mis dibujos en cada güey.
En vez de tenerlos en casa donde nadie puede verlos y decir: "ese está chido".

Ya me cansé.

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