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Día 1: El principio

Recuerdo que era una tarde, amenazaba con llover, el viento azotaba levemente las ventanas y había unos cuantos mensajes en la contestadora sin escuchar.
No tenía idea de cuanto tiempo había pasado, mi departamento estaba hecha un desastre, los estragos del día anterior, y del anterior, y del anterior empezaba a hacerse cada vez más visibles.
Aún había cuerpos recostados en los sillones, en el piso, en cualquier lugar, incluso había quienes habían decidido dormir en la piscina.

Eran ya casí las 7 de la tarde ya era hora de que los invitados volvieran a ponerse de pie, para que horas más tarde empezaran a caer uno por uno, bajo los efectos del alcohol y de algunas drogas. La música empezaba a escucharse, y mi dolor de cabeza poco a poco empezaba a desaparecer, al parecer era la única que me mantenía en pie, y por supuesto, conservaba una cerveza en mi mano y en la otra un cigarro consumiendose solo.
Mientras más fuerza tomaba la música, mas me transportaba a lo que era años atrás.
Y me ví, me ví disfrutando de aquel primer disco de rock que escuché en acetato, recuerdo que lo hice a escondidas de mis padres, por miedo a que pensaran que no era bueno para mí.

Poco de despues, y con mucho esfuerzo pude comprar mi primer cassette de Heavy metal y vaya que me sentía dueña del mundo, al pasar de los años cada día me convencía más de que el estilo que llevaba era el mío, descubrí que mis padres tenían los mismos gustos que yo. Cuando entre a la preparatoria decidí aprender música, por que ya no solo era suficiente con escucharla, quería hacerla mía, al pasar de los años y el pasar también por un sin fin de bandas, me abrió las puertas al enorme mundo de la música, múltiples conciertos, contratos, sellos, grabaciones.

Al parecer había cumplido mi enorme sueño, gozaba de dinero, reconocimientos, sexo, drogas y rock n roll por que no, pero todo era el principio de un enorme abismo, al que me aproximaba rápidamente. Mis amigos se fueron alejando poco a poco, viendo como me perdía en una gigante nube de fantasías alucinógenas de colores psicodélicos, en la que yo me creía la reina de todo ese legado.

Bajo el alcohol de cada día, hundí cada sueño y el placer de la música lo embriagué de ambición, para mí no había nada más que diversión, el amor lo cambié por la alucinación, viviendo únicamente en un falso mundo de éxtasis e imaginación.

Regreso a ese momento en el que tenía esa cerveza en mi mano, mi cigarrillo en la otra se había consumido, y esa canción seguía resonando en mis oidos, volteo a mi alrededor, y seguían ahí, intentando recuperar energías para volver a la felicidad.

Tomé mi telefono... salí de mí departamento sin ningún rumbo, pero con un objetivo...

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