Ir al contenido principal

Entradas

Dreaming light.

Apagué la vieja lámpara y me eché a la cama a mirar el techo. Me vi como si se tratara de una escena de película donde, desde arriba, la toma empieza a girar mientras el personaje se pierde entre lo más absurdo de sus pensamientos. Había elegido la misma canción que todo el día he escuchado y cerrado los ojos, esperando caer dormida con ese ligero soundtrack. Un par de veces, sin querer, tomé el teléfono como quien abre el refrigerador aún sabiendo que no hay nada dentro.  Un día simplemente dejó de doler y lo peor no era la falta de dolor. Lo peor era que no sentía nada. Me había quedado sin el trozo de papel arrugado y con rayones al que había nombrado como la historia perfecta. Lo había tirado al cubo de papeles que tengo en la habitación junto con la envoltura de un chocolate que me había comido antes de meterme a la cama. Y entonces pensé que no había una mayor muestra de amor propio que soltar aquello que te erizó cada fibra y te mantuvo al borde de la locura. ¿Recuerdas aquella ca…
Entradas recientes

De noche.

Pasaban de las once, me había quedado despierta hasta una hora razonable leyendo el libro en turno. Después de todo me había fijado un objetivo de leer catorce este año. No voy ni a la mitad. Esperaba dormir cerca de la media noche, si nada ocurría podría descansar al rededor de siete horas, con eso bastaba. Esa noche el calor estaba insoportable, más que otros días y tardé en conciliar el sueño. Necesitaba un cigarrillo. El móvil comenzó a hacer ruido, con un carajo, detestaba cuando olvidaba desactivar las notificaciones. No soporto ese sonido de campanilla metiéndose hasta lo más profundo del cerebro. No comprendía en que momento había desarrollado esa dependencia a los mensajes de texto. Un limitado número de caracteres rigiendo mi estado de ánimo a diario. Chocamos con la intención de hacernos daño, como ha estado ocurriendo desde hace tiempo. Supe entonces que esa sería la última vez, que ya no habría una noche más en que nuestros demonios salieran al jardín a jugar. Fue entonces c…

La diferencia.

Aún hay ocasiones en las que te pienso a deshoras, pero no me incomoda más tu fantasma. Ya no escribo notas en las servilletas de los restaurantes ni busco restos de amor en piezas de canciones. No te quiero tanto como solía hacerlo, ni encuentro la manera de verte diferente entre la multitud. Se ha perdido tu rostro entre miles más. Te quité el disfraz de musa, la inmortalidad del personaje novelesco y fijé en ti la humanidad. Aprendí a verte como a cualquier otra persona. Qué diferente eres ahora que tu cabello no enreda mi mundo ni que tus largas manos sostienen todos mis miedos. Que distinta es ahora tu voz incapaz de emitir mi nombre. Silencio… no lo digas. Y es verdad que a veces me arrepiento de entregarte todo. De regresar sin nada más que el peso de tu ausencia. De abrazar los recuerdos para que no se perdieran en el camino. Sí, a veces me arrepiento. Te ves tan diferente ahora que repaso las viejas fotografías y es que si no me hubiera aprendido de memoria tu rostro, podría jur…

Clavos de olor.

Semáforo.

"Nadie entiende porque me aferro, nadie te ve como te veo"
Me ha preguntado donde estuve anoche. Con él y unos amigos suyos, respondí. Me preguntó como estaba él, sabía que hacía unas semanas había tenido problemas. Él esta bien, tiene que estarlo, le dije. ¿Y tú cómo estás? preguntó. Como si un camión de carga me hubiera pasado por encima. Quisiera contestarle. Le mentí cuando dije que estaba bien.
Dijo que llorar no era malo, pero que solo se valía llorarle una vez.
El semáforo se puso en verde, la canción cambió.



Afterwords.

Turn the light off when you leave, close the door you're free from me. Afterwords - The Gathering.



Hoy parecía un día como cualquier otro. Salí de casa, me subí al coche y conduje hasta el trabajo escuchando música, sin otra cosa más en mi cabeza que no fuera la obsesión por esa banda israelí que desde ayer me anda rondando. Tamborileaba los dedos en el volante esperando que la luz del semáforo cambiara. Pensaba también en lo mucho que necesitaba un cigarrillo y un café. Quizá más lo segundo. 
Realmente parecía un día como cualquier otro, una sencilla comida con las compañeras de trabajo, unas cervezas y la tarde soleada. El sol bañando mi cara de camino a casa, parecía un atardecer de esos que el otoño nos regala. Y por primera vez luego de muchos días con sus noches, me sentí feliz, tranquila.
Me reía de la comedia de bajo presupuesto que la televisión nos regala y de los chistes rosas que contaba mi tía. Vi jugar a los chicos en la calle y reí por las ocurrencias que tenían, …

No me gustan los días en que me quedo en casa.

Los días en los que me quedo en casa dejaron de gustarme. Despierto, me preparo café y me quedo metida en las cobijas viendo alguna serie, leyendo el libro en turno o escuchando algún disco de la colección. Me levanto a comer y vuelvo a la cama, como si este fuera un ritual. Cada cinco minutos reviso el celular por si tengo alguna notificación, mantengo el sonido encendido y aunque no ha hecho ruido desde las últimas cuatro horas, enciendo la pantalla con un poco de esperanza. Los días en los que me quedo en casa dejaron de gustarme. Y es que, para mi mala fortuna, aún te extraño. Aún sigo soñando contigo y de vez en cuando, imagino que encontraré tu coche aparcado afuera de mi casa, esperándome porque tenías ganas de verme y de hablar conmigo.  Hay días en los que todavía me dan ganas de llorar, pero me hago la fuerte. Me digo que ya debería comportarme como una mujer. En los últimos días comprendí que la guerra la había perdido, cuando no ha pasado una noche en que no piense en ti …