abril 12, 2016

Como una charla común.




Cuando tomo tu mano, el mundo se reduce a una nada comparado con el maremoto de sensaciones que van desde el dedo meñique del pie hasta el último cabello. No sé explicarlo adecuadamente.

Creo que jamás acabaré de agradecerle tanto a quien hizo que llegaras hasta aquí. Pero gracias por estar. Disculpa que tenga que decirlo de esta manera, pero sabes bien que no se me da mucho el hablar o tal vez sí, pero me encanta el melodrama. Hoy quiero ser de nuevo quien se ha encargado de alimentar este lugar desde hace tantos años, un lugar que aún durante los tiempos de ausencia, guarda diferentes partes de mí. He pasado días leyendo cosas para matar el tiempo y me dan risa las barbaridades que me encuentro es como si hablara conmigo misma. Por eso de pronto me descubro escuchando canciones de años pasados, que me acompañaban cuando salía a encontrarme con Reno y tener las pláticas más pretenciosas del mundo. Tal vez tienes razón y sí soy bien fantoche. Te recuerdo que me encanta el melodrama.

Esto no es una carta y tampoco sé definirlo, mejor lo dejamos en algo que se me ocurrió en una tarde de martes.

Debo decir que desde que te conozco, no hago otra cosa que sonreír como idiota. Ya sea porque se me viene a la mente la huida por culpa de Mickey, la falta de nieve de higo o simplemente porque hiciste un comentario jocoso por WhatsApp. De verdad que no te haces una idea de la cantidad de sonrisas robadas diariamente. Claro que como en todo, hemos tenido diferencias, hemos ido conociendo nuestro lado más oscuro, nuestro carácter, lo que está bien y lo que no. Y todo eso no son más que procesos que nos van abriendo camino en este asunto que decidimos compartir.

Te cuento que has sido partícipe de mis noches de escritura, esas que han ido disminuyendo con el paso del tiempo porque como todos, creo que se nos da el tirar la toalla a momentos, tener el tan conocido bloqueo y  para después, con cabeza fría y sentimientos pulcramente acomodados, seguir adelante.

También tengo este pequeño detalle y es que soy muy propensa a divagar, puedo comenzar a hablar de un tema y pasarme a una plática de existencialismo y aliens. Es algo que no puedo evitar. Me gusta muchísimo la ciencia ficción y todo este asunto del espacio. A los veintiún años duré seis meses traumatizada sobre unas anotaciones de un sujeto demente, tiempo después y gracias a duras jornadas de investigación desde la comodidad de mi cama, supe que el tipo era un charlatán y que muchas de las cosas que predicaba no estaban bien fundamentadas. Desde entonces soy más cuidadosa, para evitar pasar vergüenzas.

¿Pero por qué te cuento esto? Allá arriba te dije que soy muy dada a divagar. Te pido disculpas. El punto al que quiero llegar es que de alguna forma y no importa cuántas cosas lamentables hayan pasado desde que escribo aquí, el hecho de que vengas aún a pesar del semejante tiradero de recuerdos, me han dado estas ganas insolentes de escribirte. Como si fuera una charla común ¿ves porqué no es una carta?. Aunque podría enviarte algunas y firmar como ya sabes quién.

Creo firmemente en que llegaste en  el mejor momento y que no importa lo difícil que se pueda tornar el camino que decidimos recorrer, el que me tomes de la mano, me vuelve la persona más fuerte del mundo. No hay miedos, no hay paracaídas, no hay máscaras, no más cortinas. Este lugar ha sido dentro de lo que cabe, testigo de mis frustraciones, de mis días grises, la pared de baño que nunca me atreví a rayar en la secundaria. El diario que infinitas veces intenté escribir y que nunca pude (porque a veces me gana la pereza). Y así ha sido desde que me decidí a abrir este espacio, era una tarde soleada muy similar a esta, escuchando aquella larga lista de reproducción que tenía en Winamp y que básicamente era toda la música guardada en el disco duro de mi PC.

Puede que suene a que me despido de aquí, pero no es así. Simplemente, quiero que a partir de hoy y hasta que me lo permitas, seamos tú y yo, quienes se encarguen de habitar esta pequeña isla con sus historias, con sus alegrías, con todos los días que están por venir. Porque a final de cuentas, las historias no nacen solas, siempre hay alguien que nos ayuda, aún cuando se trate solo de la historia de nuestras vidas.

Con todo el amor que tengo. 

Sorel Amz.

noviembre 17, 2015

No había gran cosa.




Antes de ti no había gran cosa. Solía ir de vez en cuando, a tomar café, a dar consejos a los amigos, consejos que nunca apliqué en mi vida.  Luego de la oficina, caminaba directo a casa a ver una película o continuar la lectura. Escuchaba la música de siempre. Bebía cerveza los fines de semana, rebloggeaba en Tumblr para matar el tiempo. El odioso tiempo al que también, hay que darle su tiempo, para que nos dé las respuestas que buscamos. Para que solucione lo que nosotros no hemos podido o no hemos querido. Y el tiempo, me asfixiaba y no tenía tiempo, para dedicarme a eso.

Podía ver a la gente feliz. Con enormes sonrisas en sus rostros disfrutando de una cena, de una ida al cine, incluso paseando con sus niños, pero yo no podía siquiera visualizarme en un escenario como ese. Me veía despertando a las seis de la mañana para servirme la primera taza de café, leyendo las noticias en el móvil, esperando que se diera la hora para salir de casa y pasar todo el día encerrada en la oficina hasta que llegara el momento de regresar y volver a lo mismo de esa mañana.  Y también, me la pasaba escribiendo sobre todo lo que no tenía. Todo lo que no había sido hecho para mí. Antes de ti no había gran cosa. Sólo este desorden y muebles empolvados.

El día en que llegaste, recordé todos esos cuadernos en blanco y canciones sin reproducir. Esos atardeceres enmarcados y los días lluviosos guardados en un frasco para evitar que se derramaran. Me encontré esas frazadas hechas a medida para los días fríos que están por venir. Tal vez, no sea gran cosa, tal vez no exista algo mágico dentro, pero al menos el tiempo, ese odioso tiempo, ya no pasa en vano. Antes de ti, no había gran cosa pero sí lo suficiente para hoy.


febrero 05, 2015

Despedidas obligadas.


Escuché aquella frase que dice "No tires la toalla" y me dieron ganas de responder, yo no la tiré, me la tiraron. Así de ridículo. De pronto cuando voy caminando y escuchando la música de siempre, pienso puras estupideces. En ti, por ejemplo. Y pienso y pienso y pienso y así hasta que me canso y me fumo un cigarro. A veces dos, a veces tres. Todo depende de las ganas que tenga de morirme en ese momento. Aunque no me moriría por ti. Sería tonto ¿no?

¿Entonces a qué viene todo esto? a veces me pregunto, porque también he desarrollado el hábito de hablar sola continuamente. Pues, te cuento. Los dos primeros días o tres, me llevó el demonio. Al siguiente, afortunadamente, ya estaba pensando en whisky y en ti, otra vez. No estoy enojada, ni sentimental, ni nada de eso que dicen, se siente. Pero eso es lo más triste, no sentir absolutamente nada o mejor dicho, no saber qué sentir. Porque mira, yo ya me había preparado para recoger de la basura todos mis sentimientos por ti. Y también me había preparado para gritar de felicidad. Ambas cosas y en ese orden. Pero una mierda, no estaba preparada para tu silencio. Así que tuve que responderme yo sola porque tú no fuiste capaz de hacerlo.

En los días subsecuentes no ocurrió evento alguno del que pudiera hablar ahora. Todo siguió en calma, seguí haciendo las mismas cosas, visitando a las mismas personas, escuchando la misma música y fumando la misma marca de cigarrillos. Borré tu número de teléfono porque el whisky traiciona a los débiles. Y me despedí de ti. No llevo nada conmigo más que el recuerdo de aquellas noches en las que no podía dormir. La única foto que tenía ya no existe y la promesa de una nueva, la guardé en el cajón junto con las cartas que jamás escribí. 

Me fui de tu sala de espera porque las revistas eran horribles y mi turno parecía no llegar nunca. Decidí salir a divertirme y dejé de pensar en lo interesante que sería que estuvieras tú y no alguien más. Los cuentos de hadas se hicieron para leerse y nada más.








marzo 26, 2014

Extraño(s).


Sobra decir que te echo de menos. Los días pasan como si llevaran prisa y lo primero que me viene a la mente es eso, como si te tuviera en frente o al lado para decirlo. Para que me escuches un instante.
Por acá las cosas no cambian, el escenario, aunque diferente a la vista, resulta ser el mismo para el interior. Y ahora que lo pienso, me siento con más ánimo, con menos ganas de morir. Con algo de corazón.

Escribo y escribo y siento que llego al lugar que no quiero, a ese en el cual, parece que me estoy raspando las rodillas por un beso. Flagelándome la espalda por un abrazo. Y no es de esa forma. Simplemente te extraño. Te extraño pero no sé exactamente el porqué. Quizá extraño el romance novelesco que un día imaginé que podríamos inventar. La emoción de un viaje inesperado a cualquier lugar que se nos ocurriera. Las llamadas a media noche sin razón alguna. Hasta un estúpido buenos días a las siete de la mañana, justo la hora en que tomo el primer café.

Los paisajes que mi cabeza fabricaba, me hacían sonreír como idiota. Creí alcanzarlos con solo extender  la mano, pero al frente, sólo había toneladas de realidad. Realidad espantosa y cruda. Compromisos detestables, pláticas superficiales, muestras de falso interés. Repugnantes amantes de cinco minutos que se envuelven en capas de superhéroes, colgándose medallas al mérito por el número de cuerpos poseídos en batalla que por los corazones conquistados. Esa realidad que no me va.

Naturalmente volteo para ambos lados de la carretera antes de cruzar, que me pase por la mente, de vez en cuando, la idea de morir, no significa que quiera hacerlo de manera vulgar. Qué horrible final si un camión me pasara por encima. No es la clase de muerte que me interesa. Lo que me atrae de estar en la calle, con todos mis sentidos alerta, es la búsqueda de una casualidad definida: Encontrarnos.  Tratarnos como viejos amigos que no se han visto durante mucho o llegado el momento, ignorarnos. Como lo hemos estado haciendo todo el tiempo. Como si fuera lo que mejor nos sale.


Mis pasos me encaminan al lugar de siempre, donde comenzó todo. No me llena de nostalgia. Puedo hasta presumir que ni siquiera recordaba con exactitud, dicho detalle. Y sin embargo forma parte del mapa de mi vida y no puedo más que darle asilo en mi memoria. Evocarlo de vez en cuando por si llegase a provocarme una sonrisa, tenerle algo de cariño porque se lo merece.  Sí, supongo que te echo de menos. Todos tenemos la mejor forma de extrañar a alguien y a veces, sólo a veces, me gustaría ir allá en donde estás: Lejos de mi vida.